La necesidad de colocar un semáforo, por ejemplo, no debería determinarse únicamente porque una intersección esté congestionada o porque allí hayan ocurrido accidentes. Pereira señaló que debe existir un estudio específico que confirme que esa es realmente la solución más adecuada.
“Muchas veces ocurre que instalar un semáforo en una intersección con problemas de congestionamiento o accidentes puede resultar peor que antes”, explicó. Por eso, antes de recurrir a esta alternativa, se deben analizar otras medidas que incluso pueden ser de menor costo, como modificar el sentido de circulación de una calle o restringir determinadas maniobras de giro.
Para llegar a esa decisión, los técnicos deben relevar el comportamiento del tránsito en el lugar, realizar conteos de vehículos en días y horarios pico, analizar las maniobras que realizan los conductores y estudiar qué alternativas podrían mejorar la circulación.
Una decisión que no termina en una esquina
Pereira sostiene que otro aspecto clave es analizar cada intervención dentro de su entorno. Colocar un semáforo puede resolver un problema puntual, pero también modificar el flujo hacia las intersecciones cercanas y trasladar la congestión a otro punto.
Por eso, plantea que la planificación debe tener un enfoque integral y considerar las calles y cruces adyacentes antes de implementar una solución.
La responsabilidad también cambia según el lugar donde se realiza la intervención. En las ciudades, las decisiones corresponden principalmente a los equipos técnicos de las municipalidades, mientras que en las rutas nacionales intervienen las autoridades responsables de la infraestructura vial.
En este último caso, de acuerdo con Pereira, además del estudio del movimiento de vehículos, debe realizarse un análisis específico de seguridad vial y considerar factores como la topografía, las curvas horizontales y verticales y la visibilidad.
La importancia de estos elementos volvió a quedar expuesta tras el reciente accidente registrado en Pedrozo, sobre la ruta PY02, donde seis personas fallecieron. Posteriormente, el MOPC implementó cambios en la circulación del cruce, entre ellos el retiro del semáforo y la utilización de retornos, mientras avanza el proyecto de un paso a desnivel. El caso puso nuevamente bajo la lupa el diseño, la señalización y la seguridad de los cruces sobre rutas nacionales.
Sin atribuir al semáforo o a la señalización la causa del siniestro —algo que corresponde que determine la investigación—, el episodio sirve para dimensionar por qué las intervenciones viales requieren estudios que contemplen todas las variables del lugar.
Falta de técnicos y decisiones sin análisis
Uno de los desafíos que identifica Pereira a nivel nacional es la disponibilidad de profesionales especializados. “En Paraguay no se tienen muchos técnicos dedicados al tránsito”, afirmó.
A su criterio, esto puede hacer que determinadas decisiones se tomen sin el suficiente respaldo técnico. “Las decisiones que se toman muchas veces son con base en ideas que surgen sin que pasen por un análisis de rigor técnico”, señaló.
El especialista considera que son los equipos técnicos de las direcciones de tránsito quienes deben realizar los estudios y, a partir de esos datos, definir qué intervención corresponde en cada caso.
¿Cuánto cuesta ordenar el tránsito?
El costo depende del tipo y las dimensiones de cada intersección. Como referencia, Pereira estimó que instalar un semáforo puede representar entre US$ 15.000 y US$ 20.000. El mantenimiento no necesariamente implica un costo elevado, pero sí requiere personal que supervise permanentemente el funcionamiento de los equipos.
En Asunción, además, buena parte de los semáforos está conectada a una central de monitoreo ubicada en la Costanera, desde donde se puede controlar su funcionamiento y, en determinados casos, observar mediante cámaras lo que ocurre en el entorno.
El sector privado también puede participar
La planificación y la gestión del tránsito no quedan exclusivamente en manos del sector público. Pereira afirmó que la participación privada depende de los recursos disponibles y de la capacidad técnica de cada institución.
Cuando una entidad no cuenta con los medios necesarios, puede recurrir a una concesión para que una empresa asuma determinadas tareas. Sin embargo, remarcó que la institución pública debe conservar un equipo técnico encargado de supervisar el trabajo.
Esto abre espacio para empresas vinculadas con semaforización, señalización, mantenimiento, cámaras, sensores y otras tecnologías aplicadas a la movilidad.
No todo gira alrededor del automóvil
Finalmente, Pereira plantea que hablar de tránsito no significa pensar únicamente en vehículos. El peatón también debe formar parte de la planificación, con veredas, cruces seguros e infraestructura que facilite caminar y utilizar otros medios de movilidad, como la bicicleta.
En Asunción, además, advierte que la capacidad vial tiene cada vez más dificultades para absorber la demanda de viajes en vehículos particulares. Por eso, considera que ampliar únicamente el espacio destinado a los automóviles no permitirá resolver el problema de la congestión a largo plazo.
Para el especialista, la salida pasa también por fortalecer el transporte público y avanzar hacia sistemas de transporte masivo de pasajeros que permitan reducir la presión sobre las calles y evitar que el problema se agrave en los próximos años.
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