Uno de los anuncios más llamativos es la introducción de pausas obligatorias de hidratación de tres minutos cerca del minuto 22 de cada tiempo, sin importar temperatura o condiciones climáticas. La medida, inédita en la historia de los mundiales, divide cada partido en cuatro cuartos y busca proteger a los atletas del desgaste físico, especialmente ante los desafíos que implican sedes con calor intenso.
Este formato inspirado en disciplinas como la NFL o la NBA ya fue confirmado oficialmente por la FIFA y representa una ruptura con la tradicional dinámica de dos tiempos continuos. Los árbitros detendrán el juego a silbato en mano, y el tiempo se añadirá al final del partido, reduciendo el margen de incertidumbre televisiva y ofreciendo espacios estratégicos inesperados para equipos y técnicos.
Más allá de la estructura temporal del juego, la FIFA también modificó el sistema de desempate en la fase de grupos, un punto que puede alterar la táctica de varias selecciones. El criterio principal ahora será el resultado directo entre los equipos igualados en puntos, dejando en un segundo plano la diferencia de goles total en el grupo. Esto obliga a priorizar la victoria en enfrentamientos clave sin depender de goleadas ante rivales menores.
Si el empate persiste tras el enfrentamiento directo, se evaluarán otros factores como la diferencia de goles de todos los encuentros del grupo, los goles marcados y, si fuese necesario, la puntuación por conducta deportiva (fairplay) o incluso el ranking FIFA. Este orden de desempate podría definir quién avanza o no a la siguiente ronda sin entrar a rivalidades de goles acumulados.
La combinación de estos ajustes reglamentarios llega en un contexto donde el Mundial 2026 será el más grande de la historia, con 48 selecciones distribuidas en 12 grupos que lucharán por avanzar a los 32avos de final. Este formato extendido aumenta la competencia y pone en relevancia cada punto y cada duelo directo.
Los cambios no solo impactan la estrategia deportiva, sino también la logística y la experiencia de transmisión televisiva. Las pausas obligatorias crean bloques temporales fijos que facilitan la planificación comercial y la interacción con audiencias globales, marcando un enfoque más estructurado para la narrativa mediática del torneo.
Aunque algunos puristas ven con escepticismo estas modificaciones, otros analistas señalan que obligarán a los entrenadores a replantear tácticas y gestión del esfuerzo en partidos que, por primera vez, tendrán cortes regulares programados. Sin duda, el Mundial de 2026 no solo decidirá un campeón, sino que redefinirá cómo se juega y se entiende el fútbol moderno.
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