Ubicado en Valle Apu’á, distrito de Quiindy, en el kilómetro 124 de la ruta PY01, Roque Rapé queda aproximadamente a dos horas de Asunción y a una hora y media sin tráfico. El acceso se realiza por un camino de terraplén de unos 200 metros desde la ruta principal, por lo que llegar hasta el establecimiento no requiere de un vehículo especial.
La historia comenzó mucho antes de que existiera el hotel
Las tierras pertenecían a la familia de Lucía González y habían sido heredadas de su bisabuelo, Roque Aníbal Lugo Almirón. Durante aproximadamente 50 años permanecieron abandonadas, hasta que en 2006 la familia decidió regresar y empezar nuevamente desde cero.
Y ese “cero” fue bastante literal. “Empezamos con 10 pollitos, 6 chanchitos y 2 vaquitas”, contó González, quien forma parte del emprendimiento desde sus inicios.
Lo que empezó como una pequeña granja fue creciendo progresivamente. La familia comenzó a recibir a amigos y familiares, sumó habitaciones a la casa principal y descubrió que el lugar tenía algo que los visitantes valoraban especialmente: tranquilidad.
“Transmitía tanta paz a la gente que iba, a nuestros familiares, amigos, que un día nos dijeron: ¿por qué no arman un establecimiento turístico?”, relató.
La idea empezó a tomar forma y en 2019 llegaron las primeras cuatro cabañas. Hoy ya son seis, equipadas para recibir a parejas, familias y grupos, con una capacidad total de hasta 30 personas.
Una escapada con caballos, granja y fogatas
La propuesta de Roque Rapé apunta a que el visitante no vaya solamente a dormir, sino a vivir una experiencia de campo.
Dentro del establecimiento se pueden realizar tours guiados por la granja, paseos a caballo, senderismo, recorridos en bicicleta, fogatas y peñas al aire libre, además de actividades como karaoke.
Uno de los grandes protagonistas del lugar son los caballos. El establecimiento cuenta con más de 20 ejemplares y la familia también trabaja con su cría.
La experiencia busca acercar especialmente a los niños al mundo rural, permitiéndoles conocer los cuidados de los animales y participar de actividades vinculadas con los caballos.
El predio también cuenta con vacas, perros y una importante variedad de flora y fauna alrededor. Incluso es posible encontrar monos y otras especies silvestres, por lo que la conservación forma parte de la propuesta.
Por esta misma razón, actualmente Roque Rapé no es pet friendly. La familia explica que la decisión busca proteger tanto a las mascotas de los visitantes como a los animales que ya viven dentro del establecimiento.
Café, gastronomía y producción propia
Otro de los atractivos que buscan potenciar es la gastronomía. El establecimiento cuenta con restaurante y ofrece desayuno, almuerzo, merienda y cena. El desayuno está incluido dentro de la tarifa de alojamiento.
El restaurante funciona todos los días desde las 7:00 hasta las 22:00 durante la semana y extiende su horario durante los fines de semana.
A la propuesta gastronómica se suma un detalle que hace todavía más particular la experiencia: Roque Rapé produce su propio café, incorporando parte de su producción a la propuesta que ofrece a los visitantes.
La idea es que el concepto de campo no quede solamente en el paisaje, sino que también esté presente en lo que se produce y consume dentro del establecimiento.
De una propiedad familiar a un proyecto turístico
La transformación de las tierras también estuvo acompañada por un compromiso ambiental. Entre 2024 y 2026, la familia lleva plantados cerca de 8.000 árboles, como parte de un proceso de reforestación y conservación.
Actualmente cuentan con el Sello Verde en nivel Plata y apuntan a alcanzar el nivel Oro. El objetivo es preservar la flora y fauna del lugar y, al mismo tiempo, generar conciencia entre quienes llegan hasta el establecimiento.
“Queremos cuidar por sobre todo y concientizar a las demás personas de la importancia que eso tiene”, sostuvo González.
Así, lo que comenzó hace 20 años con una pequeña granja familiar terminó tomando otra dimensión: seis cabañas, restaurante, caballos, actividades rurales, producción propia y una apuesta por conservar el entorno.
Roque Rapé propone algo que cada vez tiene más valor: alejarse por unas horas del ruido de la ciudad, dormir rodeado de naturaleza y volver a conectar con una vida mucho más simple.
En este caso, el hotel no fue construido simplemente en el campo: el hotel nació de una historia familiar que volvió a darle vida al campo.
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