La nutricionista Fabiana Gavilán explicó que uno de los productos más representativos de esta época, la chipa, es un alimento principalmente energético. Elaborada a base de almidón de mandioca, queso, huevo y grasa, se caracteriza por su alto contenido de carbohidratos refinados y grasas. “Aporta algo de proteína, pero no la suficiente para ser una comida completa, además de ser prácticamente nula en fibra”, señaló. En ese sentido, su consumo es recomendable en momentos puntuales, pero no como base de la alimentación diaria. También advierte que las personas con enfermedades cardiovasculares deben prestar especial atención al tipo de grasa utilizada, priorizando opciones como el aceite de oliva o de coco.
En contrapartida, el pescado tradicional de los días santos representa uno de los alimentos más completos desde el punto de vista nutricional. “En Paraguay se consume muy poco, lamentablemente, siendo un alimento ultranutritivo. Es alto en proteínas de alto valor biológico, generalmente rico en omega-3 (antiinflamatorio, salud cardiovascular), excelente fuente de vitamina D, B12, yodo y selenio. Es una excelente oportunidad para mejorar la calidad nutricional de la dieta”, destacó Gavilán.
En cuanto a los postres y huevos de Pascua, el panorama es distinto. Estos productos suelen tener un alto contenido de azúcares simples y grasas, lo que los convierte en alimentos de elevada densidad calórica. No obstante, Gavilán aclaró que no deben ser demonizados. “No son alimentos malos, pero sí de consumo ocasional y orientados más al disfrute”, afirmó. En ese contexto, el chocolate con mayor porcentaje de cacao puede ser una mejor alternativa, ya que aporta antioxidantes como los flavonoides.
Uno de los puntos que resalta la especialista es que el impacto en la salud no depende de un alimento aislado, sino del patrón general de alimentación. “Comer chipa o chocolate en Semana Santa no genera aumento de peso por sí solo ni arruina el progreso; lo que sí influye es la frecuencia, las porciones y el contexto (hambre real vs. emocional)”, enfatizó.
Para mantener el equilibrio durante estos días, Gavilán recomendó no llegar a las comidas con hambre extrema e incorporar proteínas en el desayuno, así como en el almuerzo y la cena, para mejorar la saciedad. Durante las comidas, sugiere comer más lento, favoreciendo la regulación hormonal, y estructurar el plato con la mitad de verduras, un cuarto de proteínas y un cuarto de carbohidratos. “No se trata de compensar, sino de equilibrar inteligentemente; no llegar con hambre extrema, incluir sí o sí proteína en el desayuno (mejora la saciedad). Lo ideal sería en desayuno, almuerzo y cena”, resumió.
Tras las celebraciones, la recomendación es retomar la rutina habitual sin caer en restricciones excesivas. Además, resaltó la importancia del movimiento físico, como caminar, para mejorar la respuesta glucémica después de las comidas, así como mantener una adecuada hidratación.
Otro aspecto que genera confusión es el auge de productos “light” o “saludables”. Según Gavilán, estos términos pueden ser engañosos. “Saludable no significa libre consumo, y light no necesariamente es saludable”, advirtió. En muchos casos, estos productos pueden inducir a un mayor consumo por una falsa percepción de control.
Finalmente, la especialista abordó la práctica del ayuno, común en algunas personas durante la Semana Santa. Si bien puede tener beneficios como la mejora de la sensibilidad a la insulina o la regulación del apetito, no es apto para todos. “Está contraindicado en embarazadas, personas en periodo de lactancia, pacientes con diabetes no controlada, antecedentes de trastornos alimentarios o quienes presentan alta demanda física o bajo peso”, citó. Además, si genera síntomas como mareos, irritabilidad o episodios de sobreingesta posterior, no es recomendable.
La alimentación durante la Semana Santa no debe entenderse como una restricción, sino como una oportunidad para integrar tradición y salud. “Se puede comer chipa, disfrutar del chocolate y respetar las costumbres, mientras se mantienen hábitos saludables y se escucha al cuerpo”, concluyó Gavilán.
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