Buscan identificar el potencial genético del maíz nativo (hasta ahora hay 10 razas mapeadas)

(Por SR) Inbio evalúa maíces nativos conservados por pequeños productores para identificar materiales con potencial de mejoramiento. Seis tipos fueron analizados y algunos alcanzaron rendimientos de hasta 5.469 kg/ha.

El maíz que durante generaciones se mantuvo en las chacras de pequeños productores paraguayos ahora está bajo la lupa de la investigación genética. El Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbio) trabaja con materiales nativos con el objetivo de conservarlos, conocer su comportamiento agronómico y aprovechar su diversidad para desarrollar nuevas variedades destinadas al productor.

Paraguay cuenta con 10 razas de maíz nativo identificadas: Avati Morotĩ, Avati Tĩ, Avati Guapy, Avati Mitã, Sapé Pytã, Sapé Morotĩ, Pichingá Redondo, Pichingá Aristado, Tupi Morotĩ y Tupi Pytã, de acuerdo con la publicación Races of Maize in Paraguay, de Wilfredo Salhuana y Verónica Machado, publicada en 1999 por USDA y el entonces Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Dentro de esa diversidad, Inbio concentra actualmente su trabajo de mejoramiento en Avati Morotĩ y Avati Pytã, buscando que estos materiales puedan convertirse en nuevas opciones para los productores.

Lourdes Cuba, coordinadora del programa de mejoramiento de maíz de Inbio, explicó a InfoNegocios que parte del trabajo consistió en recolectar maíces nativos directamente de fincas de pequeños agricultores de diferentes puntos de la Región Oriental.

“No es que fueron recolectados en estado silvestre. Todos los maíces fueron recolectados de pequeños productores, de finca de agricultor”, explicó.

Estos materiales son utilizados principalmente para la alimentación de las familias, la elaboración de productos tradicionales, la alimentación animal y el autoconsumo, más que para una producción comercial a gran escala.

Entre los materiales analizados aparecen Avati Morotĩ, Avati Tĩ, Tupi Morotĩ o Locro, Pichingá, Tupi Pytã y Avati Sapé. El Avati Morotĩ tiene especial importancia por su utilización en alimentos tradicionales como la sopa y la chipa, mientras que el Pichingá es utilizado para elaborar pororó.

Una vez recolectadas las muestras, el trabajo incluyó su conservación como germoplasma y la evaluación de diferentes características agronómicas, como el ciclo fenológico, el comportamiento frente a enfermedades, las características del grano y el rendimiento.

Los resultados mostraron que algunos de estos materiales cuentan con un desempeño productivo relevante. En la investigación presentada en el 35.º Congreso Nacional de Maíz y Sorgo de Brasil, los mayores rendimientos promedio correspondieron al Tupi Morotĩ, con 4.476 kg/ha, y al Tupi Pytã, con 3.743 kg/ha.

En el caso del Sapé, los rendimientos entre las diferentes poblaciones evaluadas oscilaron entre 2.903 y 5.469 kg/ha, mientras que el Avati Morotĩ presentó valores de entre 2.276 y 4.067 kg/ha. El Pichingá registró un promedio de 2.572 kg/ha.

Para Cuba, estos resultados permiten observar que los maíces nativos no solo tienen valor como patrimonio genético y cultural, sino que también pueden contener características aprovechables desde el punto de vista productivo.

El siguiente paso es utilizar esa diversidad como materia prima para el mejoramiento genético. En el caso de Inbio, la intención es seleccionar colecciones que presenten características de interés y someterlas a procesos de mejoramiento.

“Nuestro fin principal es ver cuál de estos que recolectamos puede ser en el futuro una futura variedad”, señaló Cuba.

Una de las metodologías utilizadas es la selección recurrente. El proceso puede comenzar con la siembra de unas 2.000 plantas, de las cuales se seleccionan aproximadamente 100 para, posteriormente, realizar cruzamientos controlados. Para el desarrollo de híbridos, en tanto, se trabaja en la obtención de líneas puras.

La investigación también tiene una mirada hacia la agricultura familiar. El objetivo es que el conocimiento generado sobre estos materiales permita, a futuro, ofrecer mejores opciones a productores que todavía conservan y utilizan estas semillas.

Así, el desafío para Inbio no pasa solamente por mantener los maíces nativos en un banco de germoplasma, sino por llevar la genética que todavía permanece en las chacras hacia nuevas variedades, conservando características tradicionales y sumando atributos productivos que puedan hacerlas más competitivas para el productor.

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