El proyecto integra producción agrícola e industrialización, posicionándose como una de las iniciativas más innovadoras dentro de la diversificación productiva del norte del país. Luis Piris, responsable del rubro de ají en Agronorte, explicó en comunicación con nuestro medio que esta primera exportación representa apenas el inicio de un programa de abastecimiento mucho mayor.
“Tenemos que completar un millón de kilos y, si completamos ese volumen, nos van a habilitar para ocho millones de kilos, que ya es algo muy grande”, señaló.
El desarrollo del cultivo comenzó en 2024 con la introducción del ají tipo Tabasco y la instalación de la primera planta procesadora de ají del país, que fue inaugurada en septiembre pasado e inició sus operaciones industriales en noviembre. La planta permite transformar la fruta fresca en pasta destinada exclusivamente al mercado internacional.
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Actualmente, la producción proviene de agricultores asociados a la cooperativa, con superficies que van desde un cuarto de hectárea hasta tres hectáreas por productor. Sin embargo, el objetivo de crecimiento es ambicioso: para la próxima campaña, Agronorte busca expandir el área cultivada hasta unas 50 hectáreas, lo que permitiría aumentar significativamente los volúmenes exportables.
Las primeras semillas utilizadas en el proyecto fueron importadas desde Ecuador, país con amplia experiencia en el cultivo de ají para uso industrial. No obstante, la cooperativa ya trabaja en la selección y multiplicación de semillas propias adaptadas a las condiciones paraguayas, priorizando características como resistencia, tamaño del fruto y vigor de planta.
La planta procesadora recibe actualmente entre 800 y 1.200 kilos de fruta por día, volumen que es industrializado casi de inmediato para preservar la calidad. La logística fue diseñada para reducir los tiempos entre cosecha y procesamiento: los productores entregan su producción mediante un sistema de recolección que permite trasladar el ají desde las fincas hasta la planta durante la tarde y procesarlo al día siguiente.
Una vez procesada, la pasta se almacena en barriles de aproximadamente 150 kilos, desde donde se consolida la carga para exportación. El producto es enviado al cliente estadounidense, donde continuará su proceso de maduración en barriles de roble durante varios años antes de convertirse en salsa comercial.
Según Piris, el rendimiento industrial presenta resultados positivos. De cada 1.000 kilos de fruta se obtienen aproximadamente 1.070 kilos de pasta, debido al proceso de elaboración que incorpora ingredientes adicionales.
La cooperativa ya se prepara para el segundo envío, para el cual faltan alrededor de 7.000 kilos de pasta, volumen que esperan completar en los próximos días. La meta es mantener una dinámica de exportaciones continuas a medida que se completen los contenedores.
Por el momento, toda la producción se destina al mercado estadounidense, pese a que existe interés de compradores locales por adquirir fruta fresca. La prioridad de la cooperativa es cumplir con el contrato de exportación y consolidar el nuevo rubro agroindustrial.
La primera campaña también permitió obtener información clave sobre el comportamiento del cultivo en Paraguay. A diferencia de Ecuador, donde el ají puede producirse durante todo el año con cosechas periódicas, en Paraguay el cultivo presenta un comportamiento más estacional.
Las pruebas realizadas permitieron determinar que la época más adecuada de siembra se ubica entre julio y septiembre, mientras que las plantaciones tempranas pueden verse afectadas por las bajas temperaturas y las heladas.
Otro aspecto observado es la velocidad de maduración. En condiciones locales, la planta puede generar frutos maduros de forma continua, lo que obliga a organizar cosechas frecuentes y un procesamiento constante.
Con la combinación de producción en campo, procesamiento industrial y exportación directa, el ají tipo Tabasco se perfila como una nueva cadena de valor agroindustrial para el norte del país, con potencial de crecimiento sostenido en los próximos años.
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