Europa le toma el gusto al maní paraguayo: productores proyectan 100.000 hectáreas en 10 años

(Por SR) La demanda internacional y el interés de compradores europeos abren nuevas perspectivas para el negocio manicero local. Con entre 20.000 y 25.000 hectáreas sembradas, el sector proyecta alcanzar las 100.000 hectáreas en un plazo máximo de 10 años y consolidar su presencia exportadora.

El maní paraguayo comienza a despertar el interés de compradores internacionales y encuentra en Europa uno de sus principales mercados de oportunidad. Aunque todavía es un rubro de menor escala frente a otros cultivos tradicionales, la actividad registra un crecimiento sostenido, impulsado por nuevas inversiones industriales, una demanda externa elevada y condiciones productivas favorables. El objetivo de la industria es pasar de las actuales 20.000 a 25.000 hectáreas cultivadas a unas 100.000 en la próxima década.

Hans Karl Janz, presidente de la Cámara Paraguaya de Procesadores y Exportadores de Maní (Cappema), destacó en declaraciones a InfoNegocios que el escenario internacional resulta favorable para las empresas nacionales, debido a la alta demanda del producto y al interés que comienza a generar la oferta paraguaya.

“En este momento el maní a nivel mundial está teniendo una alta demanda. Entonces, eso conviene justamente a los intereses de las empresas paraguayas, que están en una etapa todavía incipiente históricamente para el desarrollo del maní a nivel internacional”, explicó.

Una muestra de ese interés se dio durante la participación paraguaya en SIAL, una de las principales ferias internacionales de alimentos, realizada en París. En esta edición, tres empresas nacionales —Villafranca, Agromaní y Alpacasa— presentaron sus productos ante potenciales compradores y representantes de la industria alimentaria.

Según Janz, el mercado europeo mostró especial interés en el maní paraguayo, particularmente a través de operadores neerlandeses, que cumplen un papel importante en la comercialización y reventa del producto.

“Los holandeses son probablemente los traders más activos que compran y revenden otra vez, y realmente nos sorprendió mucho el nivel de interés de Europa por el maní paraguayo”, señaló.

Actualmente, Europa constituye el principal destino de las exportaciones, debido a los mejores precios que ofrece. Cuando el producto no reúne las condiciones de calidad exigidas por ese mercado, las empresas buscan alternativas en Reino Unido, Rusia y Asia. Por su parte, el maní destinado a la industria aceitera tiene una salida más regional, principalmente hacia Brasil y Argentina.

El interés internacional coincide con una etapa de expansión de la producción nacional. Janz indicó que las cinco empresas integrantes de Cappema cuentan actualmente con entre 20.000 y 25.000 hectáreas sembradas, aunque la superficie definitiva todavía dependerá de las últimas plantaciones de noviembre.

Con esa base productiva, el sector estima alcanzar entre 40.000 y 50.000 toneladas de maní exportable para la próxima campaña.

La proyección de crecimiento es significativa. “Nuestra proyección es que en los próximos años, a más tardar en una década, queremos estar en 100.000 hectáreas”, afirmó el titular del gremio.

El desarrollo del rubro también responde a una transformación de su estructura empresarial. Históricamente, la producción y la exportación estuvieron concentradas en las colonias menonitas del Chaco, especialmente a través de la cooperativa Fernheim. Posteriormente, se incorporaron empresas como Villafranca y Agromaní, seguidas por Alpacasa y otros actores del sector.

Uno de los principales obstáculos para el crecimiento fue la inversión que requiere el procesamiento industrial. La instalación de fábricas demanda importantes recursos y un abastecimiento constante de materia prima, algo que resultaba difícil de garantizar en determinadas zonas del Chaco debido a las sequías y la variabilidad climática.

Sin embargo, la Región Oriental presenta condiciones más estables para el cultivo y ha permitido impulsar nuevas instalaciones industriales. “Desde que se están construyendo estas plantas, hay un crecimiento, no todavía exponencial, pero sí ya muy importante en lo que es históricamente la producción de maní”, sostuvo Janz.

El grano premium concentra el mayor valor

En el negocio manicero, el mayor valor comercial no necesariamente está en los productos procesados. Según explicó Janz, los granos grandes, enteros y de primera calidad son los que alcanzan mejores precios en los mercados internacionales.

“Cuando uno vende el maní premium, que ahí uno puede vender con la cáscara marrón o plancheado, significa sacarle la cáscara marrón. Y cuando el maní es grande y entero, es ahí cuando tiene mayor valor”, detalló.

Los granos que no alcanzan esa categoría pueden destinarse a la elaboración de manteca de maní, turrones, chocolates y otros derivados. En el mercado nacional ya existen iniciativas de transformación, aunque todavía necesitan ganar escala, consolidar marcas y desarrollar una mayor cultura de consumo.

Janz estima que entre el 5% y el 10% de la producción queda en el mercado local, mientras que alrededor del 90% o más se destina a la exportación. Por eso, desde Cappema consideran que también existe una oportunidad para promover el consumo interno, especialmente por las propiedades nutricionales del alimento.

En ese sentido, la cámara mantiene conversaciones con el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) para avanzar en aspectos vinculados al registro de semillas, el mejoramiento genético y la adaptación de variedades a los suelos nacionales. A futuro, tampoco descartan explorar oportunidades para incorporar alimentos a base de maní en programas como Hambre Cero.

Además de su potencial exportador, el maní ofrece beneficios agronómicos que pueden favorecer a los productores. Su incorporación en los esquemas de rotación contribuye a mejorar las condiciones del suelo y representa una alternativa frente a los sistemas de monocultivo.

La variedad runner es actualmente la principal familia cultivada en el país, con materiales como OL3 y Georgia, que vienen mostrando buenos resultados de adaptación a las condiciones locales.

“Creemos que hay dos factores con los cuales estamos contribuyendo. Por un lado, devolver la fertilidad al suelo y, por el otro, convertirlo en un cultivo de renta que va a generar divisas para nuestro país”, expresó Janz.

Con compradores europeos atentos a la oferta nacional, nuevas inversiones industriales y una meta de 100.000 hectáreas, el sector busca consolidar una cadena productiva que todavía tiene un amplio margen de crecimiento. El desafío será transformar el interés internacional en contratos, mayor volumen y una presencia sostenida en los mercados.

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