La elección del champagne no fue casual. Prestige des Sacres nace en Janvry, sobre las laderas occidentales de la Montagne de Reims, y es obra de un colectivo de unos sesenta viticultores que, desde comienzos de los años 60, unieron sus tierras y su saber para elaborar en conjunto un champagne fiel a su terruño. Su nombre honra los sacres, las coronaciones de treinta y tres reyes de Francia celebradas en la catedral de Reims, de donde también toma sus colores y símbolos de realeza, un simbolismo que dialogó con naturalidad con la historia de la familia Talleyrand y su vínculo con la tradición aristocrática francesa, evocada en el propio apellido, ligado a Charles-Maurice de Talleyrand.
Un assemblage en equilibrio
Su etiqueta insignia, el Brut Prestige, es un assemblage compuesto en partes iguales por Chardonnay, Pinot Meunier y Pinot Noir, criado durante cuatro años en bodega sobre lías, con un 40% de vinos de reserva. De vista dorada pálida y burbuja fina y persistente, despliega en nariz notas de bizcocho, pera, ciruela y fruta confitada, con un recuerdo a pan de especias; en boca, presenta una entrada fresca y chispeante que da paso a un cuerpo cremoso y un final largo y complejo. Ese equilibrio entre tres variedades resonó con el concepto central del evento: que las grandes experiencias nacen del balance entre distintos elementos, tal como los cinco restaurantes de una misma familia.
La propuesta fue seleccionada por Leticia Vallejos, directora de Restaurantes del grupo, junto a Guillermo Cano, experto en vino y gerente de División en MG Importadora, quien destacó al champagne como una bebida capaz de condensar historia, paciencia y celebración en cada burbuja.
Con este brindis, Prestige des Sacres acompañó el cierre de cincuenta años de historia de la Familia Talleyrand y el inicio de los próximos cincuenta que la familia ya comienza a escribir.
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