La carne ovina paraguaya acaba de sumar una nueva puerta de entrada en Asia. Singapur habilitó el ingreso de productos cárnicos ovinos procedentes de Paraguay, una noticia que no solo amplía el mapa exportador del país, sino que también llega en un momento en que el rubro busca ganar más escala, más genética y más presencia dentro de la ganadería nacional.
El anuncio fue realizado por el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa), que confirmó la apertura tras un proceso de trabajo técnico, sanitario y diplomático. La certificación fue entregada al presidente del organismo, José Carlos Martin, por Chang Siow Foong, durante la 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados de la Organización Mundial de Sanidad Animal, realizada en París.
Para nuestro país, la habilitación tiene un valor que va más allá de una autorización comercial. Singapur es un mercado reconocido por sus altos estándares de inocuidad y seguridad alimentaria, por lo que ingresar a ese destino también funciona como una carta de presentación para la carne ovina nacional. En otras palabras, abre una puerta concreta, pero también ayuda a mostrar que el país puede cumplir con las exigencias de compradores sofisticados.
Desde el sector productivo, la noticia fue recibida con entusiasmo. Carmen Ortigoza, presidenta de la Asociación Paraguaya de Criadores de Dorper, señaló para InfoNegocios que la apertura representa “una noticia maravillosa” para los productores que vienen trabajando tanto en genética como en carne. “Para nosotros siempre es muy importante que haya más mercado para la carne ovina, porque eso va de la mano: el productor que hace carne necesita un buen carnero”, expresó.
Ortigoza también remarcó que la habilitación debe leerse como un reconocimiento al trabajo que se viene realizando en Paraguay. “Me parece un reconocimiento al buen trabajo que se está desarrollando acá en Paraguay en cuanto a la calidad de la carne. Si bien no tenemos el volumen todavía como para concretar estas exportaciones, tener el visto bueno de este mercado es algo para celebrar”, afirmó.
Una mirada similar es la de Laura Mendoza de Arbo, presidenta de la Asociación Paraguaya de Criadores de Hampshire Down, quien señaló que la raza atraviesa “su mejor nivel”, como resultado de un proceso de mejora continua impulsado por criadores locales, con foco en genética, profesionalización y mayor visibilidad del rubro.
Mendoza de Arbo destacó que uno de los puntos que más impulsó ese avance fue la incorporación de genética extranjera. En los últimos años, productores invirtieron en reproductores provenientes de Argentina y Uruguay, además de pajuelas y embriones del Reino Unido, lo que permitió elevar la calidad del rodeo nacional. En ese sentido, resumió el trabajo del sector con una frase clara: “Todos nuestros criadores están apostando fuertemente a eso: al trabajo de marketing, la presencia y la identidad genética”.
Esa apuesta genética ayuda a entender por qué la apertura de Singapur aparece como una oportunidad interesante. La producción ovina paraguaya todavía no tiene el volumen de la carne bovina, pero sí empieza a construir atributos que pueden ser atractivos para mercados específicos: calidad de carne, mejora de razas, identidad productiva y una cadena que busca ordenarse mejor.
Ortigoza coincidió en que el principal cuello de botella sigue siendo la escala. Según explicó, en Paraguay “todavía no tenemos el volumen, pero sí calidad”. A su criterio, el trabajo realizado en genética ya empieza a mostrar resultados concretos, aunque todavía falta aumentar el hato, especialmente la cantidad de hembras disponibles para producción.
La presidenta de la Dorper destacó además que grandes ganaderos, tradicionalmente enfocados en bovinos, ya empiezan a mirar la producción ovina como una alternativa de negocio. “Estoy vendiendo muchos carneros para grandes productores que están empezando a apostar e implementar la producción de carne de cordero”, comentó.
En ese proceso, la raza Dorper aparece como una herramienta clave para acelerar la producción de carne. Ortigoza explicó que algunos productores están utilizando vientres de otras razas, como Santa Inés, y los cruzan con carneros Dorper para obtener corderos más pesados y mejor definidos. “Un buen carnero Dorper define ya un cordero, aunque la madre no sea Dorper. Produce corderos pesados, súper definidos, y eso es lo que muchos productores están haciendo para producir más rápido y en mayor cantidad”, sostuvo.
Mendoza de Arbo, por su parte, también señaló que, si bien hoy la producción se destina principalmente al mercado interno, el objetivo es avanzar hacia la inserción en mercados internacionales. Esa visión encuentra ahora un nuevo impulso con la habilitación de Singapur, que se suma a otros destinos ya abiertos para la carne ovina paraguaya, como Israel, Emiratos Árabes Unidos y Uzbekistán.
El interés tampoco viene solo desde afuera. La carne ovina está ganando más lugar en la mesa paraguaya y en la oferta gastronómica. Mendoza de Arbo destacó que el consumo dejó de estar tan asociado a ocasiones especiales y comenzó a aparecer con mayor frecuencia en restaurantes, un cambio que puede ayudar a sostener el desarrollo de la cadena desde el mercado interno.
Para quienes quieran iniciarse en el rubro, Ortigoza comentó que la inversión puede arrancar con montos relativamente accesibles frente a otros sistemas ganaderos. Un carnero puede costar entre G. 3 millones y G. 4 millones, mientras que hay hembras de buena calidad desde alrededor de G. 1,5 millones. También existen hembras preñadas desde aproximadamente G. 2 millones, dependiendo de la calidad genética.
La dirigente insistió en que la clave está en apostar por buenos reproductores. “Siempre recomendamos que el carnero sea bueno, que tenga pureza de sangre y que esté registrado, para que pueda producir buenos corderos”, explicó. Para el negocio de carne, el objetivo es lograr animales que ganen peso rápido, lleguen antes al punto de faena y permitan volver a preñar a las hembras en menor tiempo.
El desafío, sin embargo, sigue siendo grande. Para transformar la habilitación en negocios concretos, el sector deberá avanzar en escala, regularidad de oferta, trazabilidad y registro del stock. Este último punto también fue señalado por Mendoza de Arbo como una de las principales limitaciones, ya que muchos productores todavía cuentan con ejemplares sin registro formal, lo que dificulta la planificación productiva.
Con esta nueva apertura, la carne ovina paraguaya gana una vidriera estratégica en el sudeste asiático. Para la ganadería nacional, el mensaje es claro: la diversificación cárnica ya no es solo una aspiración. Empieza a tomar forma con mercados habilitados, productoras que invierten en genética y un rubro que busca pasar de oportunidad a negocio.
Tu opinión enriquece este artículo: