Su recorrido profesional comenzó lejos del mundo inmobiliario. “Yo estudié marketing y comunicación de moda y Derecho. Siempre estuve en marketing, pero me enfocaba más en moda. Luego trabajé en una fintech en Kansas que presta servicios de tecnología financiera solamente en Estados Unidos. Ahí entré mucho más en lo que era el análisis de datos, todo lo que es más técnico en marketing, más números”, contó.
Allí comenzó a involucrarse mucho más con el análisis de datos, los resultados y los aspectos técnicos de la disciplina. Ese equilibrio entre creatividad y números terminaría convirtiéndose en uno de los principales atributos de su perfil. Hace un año y medio llegó a Altamira Group para liderar el área de marketing vinculada al real estate, un sector que encontró especialmente desafiante por la amplitud de públicos, productos y procesos de decisión.
Su llegada también respondió a una búsqueda concreta de la empresa. “Me trajeron a Altamira porque es una empresa de cinco directores. Dos de ellos son mis tíos, Rafael y Víctor Gill, y como siempre trabajé en lo que era marketing de moda, ellos sabían que yo estaba enfocada mucho más en la parte creativa. Después empecé a ayornarme un poco más en lo que era la parte técnica del marketing y ellos me llamaron justamente por eso, porque querían darle un diferencial a Altamira”, relató María Paz.
La respuesta de Chamorro fue incorporar una mirada basada en experiencias. Eventos, encuentros y acciones destinadas a clientes y potenciales compradores comenzaron a formar parte de una manera más amplia de entender la comunicación de los proyectos.
Para ella, el desafío está en comprender que comprar un inmueble no responde a la misma lógica que adquirir un producto de consumo cotidiano. “Un cliente de real estate no es como un cliente de retail. No te compra al toque; hay un customer journey enorme”, señaló.
Por eso, su trabajo combina análisis de datos, generación de leads, contenido, creatividad y experiencias, pero con una premisa: conocer a quién se le está hablando. “El marketing es psicología al final del día. Es realmente entender a la persona que puede comprarte: cómo piensa, qué le gusta, qué no le gusta y cómo puedo aliviar su dolor”, sostuvo.
Ese enfoque también se traslada a la gestión de su equipo. Chamorro considera que la confianza y el bienestar laboral son condiciones necesarias para que las ideas puedan surgir. El departamento mantiene reuniones mensuales de brainstorming, donde revisan resultados, comparten aprendizajes y analizan oportunidades. “Cuando un colaborador se siente cómodo y tiene la confianza de que su jefe lo escucha y le importa lo que tiene para aportar, eso hace que la creatividad fluya”, afirmó.
Su filosofía también implica mirar a la competencia, pero no quedarse únicamente con lo que hacen los demás. “Más que nada es ver también en dónde podemos innovar, no tanto mirar qué está haciendo el otro, sino qué es lo que no se hizo todavía”, dijo.
La tecnología ocupa otro lugar en esa ecuación. Tras un viaje a China, incorporó nuevas herramientas y tecnologías a su forma de trabajar y reforzó su convicción de que la inteligencia artificial puede funcionar como un aliado para los equipos de marketing.
“Si vos usás la inteligencia artificial como un aliado y la entendés, puede potenciar tu persona, tu valor como colaborador”, afirmó. En su visión, automatizar tareas operativas permite liberar tiempo para aquello que considera irremplazable: pensar.
Fuera de la oficina, Chamorro encuentra precisamente allí parte de la inspiración que lleva al trabajo. Practica hockey, disfruta de la lectura, especialmente de política y filosofía, y, sobre todo, viaja. Le interesa conocer lugares diferentes, conversar con personas y descubrir otras maneras de pensar y trabajar.
Esa curiosidad también explica su forma de entender las experiencias de marca. Para Chamorro, un evento no es simplemente una acción de comunicación: puede generar comunidad, fortalecer vínculos y, en determinados casos, incluso convertirse en una oportunidad comercial concreta.
“Podés gastar US$ 5.000 como máximo en un evento, pero cerrar un departamento de US$ 200.000. Entonces tenés un retorno de inversión. No es solamente que es lindo y sirve para sacar fotos”, planteó.
Tu opinión enriquece este artículo: