El clásico Tío Lucas renueva su espacio, pero conserva la esencia familiar que marcó generaciones

(Por NL) Hablar de Tío Lucas es hablar de uno de esos lugares que forman parte de la memoria colectiva de Asunción. Con casi 40 años de historia, el restaurante fundado en 1985 sigue vigente gracias a la visión de Alethia Duisberg, quien hoy lidera el negocio junto a su madre, Montserrat Fores, preservando la herencia de sus abuelos.

En conversación con InfoNegocios, Alethia recordó los inicios de este clásico gastronómico. “Mi familia compró el restaurante en 1985. Era de un italiano de apellido De Luca, y de ahí viene el nombre. A lo largo de los años, Tío Lucas se convirtió en un punto de encuentro, primero en República Argentina y después en el corazón de Villa Morra”, relata.

La historia del restaurante tiene gran significado en muchas familias paraguayas ya que, hay generaciones que crecieron compartiendo almuerzos, meriendas y cenas en el mismo lugar. “Hay clientes que venían de chicos con sus abuelos y ahora traen a sus propios hijos. Esa conexión emocional es algo que cuidamos muchísimo”, asegura Alethia.

De los ochenta a la nueva generación

Durante los años 80 y 90, Tío Lucas vivió su auge, llegó a tener varias sucursales —incluida una en San Bernardino durante el verano— cuando aún no existían cadenas de comida rápida. Hoy, con un solo local en la intersección de las calles Capitán Rivas Ortellado y Horacio Gini, cerca de los barrios Mariscal Estigarribia y Villa Morra, el desafío es mantener viva la esencia de siempre, pero con un aire renovado.

“El local actual es completamente nuevo, pero conservamos detalles del anterior: el piso, las paredes, ciertos elementos arquitectónicos. No queríamos que la gente sintiera que estaba en un lugar distinto, sino que se mudó con nosotros”, explica.

Esa mezcla de nostalgia y renovación es parte del sello familiar. “No solo vendemos comida, vendemos recuerdos”, dice Alethia. “Nuestro mayor orgullo es seguir siendo un espacio donde la gente se sienta en casa”.

El chivito, emblema de la casa

El menú de Tío Lucas mantiene su identidad con platos tradicionales y una fuerte apuesta al chivito uruguayo, el más pedido desde los primeros años. “Es nuestro producto estrella, ronda los G. 56.000 y tenemos promociones con bancos. Pero también incorporamos desayunos, brunch y nuevas opciones para atraer a un público más amplio”, comenta Alethia.

El restaurante se adaptó a las nuevas dinámicas sociales porque hoy ofrece un espacio familiar con parquecito infantil, una terraza más relajada para jóvenes y zonas diseñadas para distintos momentos del día.

Una Navidad con sabor a infancia

Con la llegada de fin de año, Tío Lucas ya prepara su clásico evento de Papá Noel, una tradición que lleva cuatro ediciones y atrae a familias enteras.

“El 15 de noviembre recibiremos a Papá Noel en el restaurante. Los niños podrán dejarle sus cartas y tomarse fotos con él. Es una actividad que moviliza mucho cariño: vienen abuelos, padres, tíos e hijos, todos juntos”, cuenta Alethia.

El evento se realiza con reserva previa y marca el inicio de la temporada alta, que se extiende entre noviembre y diciembre. “Son meses muy intensos, pero también los más lindos, porque el restaurante se llena de familias y risas. Es el espíritu de Tío Lucas: un lugar donde las tradiciones siguen vivas”, afirma.

Un legado que sigue creciendo

Hoy, tres generaciones después, el restaurante familiar no solo conserva su historia sino que la renueva con cada cliente que cruza la puerta.

 “Estamos orgullosos de mantener una marca que forma parte de la historia de Asunción. Y lo hacemos en familia, con mi mamá y, muy pronto, con mi hermana menor, que ya empieza a involucrarse. Tío Lucas siempre fue eso: trabajo, pasión y familia”, resume Alethia Duisberg.

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