Los cuatro venenos blancos en la alimentación

(Por Natalie Ríos) Según el diccionario de la Real Academia Española, un veneno es "una sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte". ¿Podríamos denominar veneno a un alimento en un país con doble carga de enfermedad, es decir, donde coexisten sobrepeso-obesidad y desnutrición como sucede en Paraguay? Tratemos de respondernos estas preguntas evaluando a cada uno de estos “villanos”.

LA SAL

La sal de mesa o cloruro de sodio (sal refinada), es ampliamente utilizada para darle sabor y realce a las preparaciones culinarias, además es un conservante por excelencia; por un lado su exceso junto con otros factores de riesgo contribuye a la hipertensión arterial y puede conducir a enfermedades crónicas prevalentes como las cardiovasculares que son la primera causa de muerte a nivel nacional y mundial. Por otro lado, en muchos países como el nuestro se le agrega yodo para evitar enfermedades como el bocio o el cretinismo lo cual es positivo al igual que en el caso de los deportistas que necesitan reponer el sodio perdido a través del sudor para no disminuir su rendimiento deportivo.

EL AZÚCAR

El azúcar refinada aporta un solo nutriente que es la sacarosa un hidrato de carbono simple, es por ello que para las personas con diabetes, sobrepeso, obesidad entre otras consumirla en exceso lleva al aumento del azúcar (glucosa) sanguínea y del peso corporal; sin embargo nuevamente en deportistas cuya necesidad calórica diaria es alta, cumple un rol importante al aportar energía de rápida absorción.

LAS HARINAS

Al igual que los dos productos anteriormente mencionados las harinas, si son refinadas, pierden gran parte de sus nutrientes, quedando el almidón que es un hidrato de carbono complejo que aporta buena cantidad de energía, pero en Paraguay por ley se la fortifica con hierro y vitaminas para disminuir y/o prevenir la anemia. Por otro lado es sabido que las personas celiacas no pueden absorber el gluten que es la proteína del trigo, avena, cebada y centeno, por lo que deben eliminar estos alimentos de su menú diario; pero el resto puede incorporarla sin dificultad inclusive las personas que desean bajar de peso, solo hay que conocer la porción adecuada.

LA LECHE

Las personas con intolerancia a la lactosa (un azúcar presente en todas las leches de los mamíferos: vaca, cabra, oveja y en la humana) no poseen la enzima intestinal encargada de digerirla (lactasa), por ende si consumen lácteos presentan síntomas como diarreas y distención abdominal entre otros; pero al resto de la población que la puede digerir normal le aporta proteínas de alto valor biológico y calcio que son fundamentales para el crecimiento y la salud ósea además vienen fortificadas por lo general con vitaminas A y D.

¿Entonces deberíamos excluir a estos alimentos de nuestro menú cotidiano?, depende. Las preguntas que siempre debemos hacernos cuando un alimento es santificado o satanizado es: este alimento es bueno o malo ¿para qué? ¿para quién? ¿cuánto? y ¿combinado con qué? y ahí tendremos la respuesta.
Hay que entender que una alimentación saludable es una alimentación completa, es decir que debe incluir todos los grupos de alimentos, en la porción que necesitamos y según otros parámetros como edad, sexo, actividad física, gustos, posibilidad económicas entre otras.

“Todo es veneno, nada es veneno; todo depende de la dosis” Paracelso (1493-1541)”

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