Bosch explicó que, si bien hoy aparecen zonas emergentes —tanto en el interior como en áreas con cerros y paisajes naturales—, San Bernardino conserva un valor simbólico y cultural difícil de desplazar. “Siguen apareciendo otros puntos atractivos, pero San Bernardino continúa siendo una ciudad turística por excelencia”, sostuvo, al remarcar que su identidad sigue influyendo en las decisiones de inversión.
El viceministro recordó que el desarrollo de San Bernardino tomó fuerza recién a partir de las décadas de 1950 y 1960, cuando la infraestructura vial permitió un acceso más directo. Antes de eso, Areguá concentraba el veraneo de las familias tradicionales, mientras que llegar a San Bernardino implicaba cruzar el lago Ypacaraí en embarcaciones desde antiguos puertos. La construcción de rutas marcó un punto de quiebre y trasladó el interés inmobiliario hacia esta ciudad.
Con el paso de los años, el lago dejó de ser únicamente un espacio recreativo y pasó a cumplir un rol principalmente paisajístico. Bosch señaló que las dudas sobre su uso para el baño empujaron a los desarrollos hacia zonas más elevadas, como los cerros, donde surgieron nuevas urbanizaciones que priorizan la vista y el entorno natural. Este cambio redefinió la lógica del crecimiento urbano local.
Sin embargo, el avance inmobiliario no siempre siguió una planificación ordenada. Bosch advirtió que muchos municipios carecen de arquitectos urbanistas capacitados para aplicar criterios claros de zonificación. “Eso genera un desorden total”, afirmó, al señalar la falta de separación efectiva entre áreas residenciales, comerciales e industriales.
El arquitecto también puso el foco en los barrios cerrados y desarrollos turísticos que imponen reglamentos internos estrictos para las construcciones. Si bien estos proyectos deben pasar por la aprobación municipal y ajustarse a los planes reguladores, en la práctica muchos carecen de estudios completos. Esta situación deriva en conflictos, especialmente cuando se intenta privatizar espacios que por ley son de uso público, como las costas del lago.
Bosch reconoció que estos casos suelen derivar en tensiones entre desarrolladores, municipios y el Estado, donde incluso entran en juego factores políticos. Aun así, destacó que existen ejemplos positivos de barrios bien regulados en otras ciudades del país, lo que demuestra que un crecimiento ordenado resulta posible con reglas claras y control efectivo.
De cara al futuro, el viceministro se mostró optimista sobre el rol de San Bernardino. A pesar del auge de nuevas zonas como Altos, Areguá o incluso ciudades del sur del país, sostuvo que la ciudad seguirá siendo un punto central del mercado inmobiliario en los próximos cinco o diez años. “Tiene historia, identidad y un atractivo que no desaparece”, afirmó.
Al igual que Areguá —que nunca perdió su encanto pese a dejar de ser el principal destino veraniego—, San Bernardino enfrenta el desafío de adaptarse sin resignar su esencia. Para Bosch, el equilibrio entre desarrollo, planificación y respeto al entorno definirá si la capital del verano logra sostener su liderazgo en un escenario inmobiliario cada vez más competitivo.
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