Domínguez admitió que durante años consideró que el país aún no estaba preparado para ese modelo. Sin embargo, al observar el entorno natural del predio, las vistas abiertas y el tipo de convivencia que se genera en los barrios cerrados, decidió avanzar con una propuesta distinta. “Me pareció que el mercado estaba listo para algo nuevo, para un nicho de personas que busca espacio, exclusividad y libertad dentro de su propia área”, afirmó.
Uno de los principales diferenciales del proyecto es su ubicación, sobre la ruta Luque–San Bernardino, a solo 5 kilómetros del centro de la ciudad. Para la desarrolladora, este punto resulta crucial. “Estás muy cerca del centro, pero al mismo tiempo en un ambiente totalmente boscoso, con el lago enfrente y sin edificios alrededor”, señaló. Esa combinación, aseguró, cambia por completo la experiencia de vivir en la zona.
La cercanía a servicios básicos también juega un rol fundamental. Domínguez remarcó que muchos proyectos ofrecen buenas prestaciones, pero quedan demasiado alejados de la ruta o de zonas comerciales. “Si tenés un imprevisto, como un hijo con fiebre o una compra urgente, no es práctico tener que recorrer varios kilómetros”, sostuvo. En ese sentido, destacó que Arbórea Hills se ubica cerca de supermercados y áreas comerciales ya consolidadas.
El desarrollo ocupa 74 hectáreas y se compone de apenas 66 chacras, una decisión que responde a un concepto claro de baja densidad. “Pensamos en familias que buscan una comunidad pequeña, acorde, con exclusividad, espacio y silencio”, explicó. Según Domínguez, ese es el nuevo lujo que hoy valora un segmento creciente del mercado.
Además, el proyecto prescinde de amenities tradicionales para reducir costos por metro cuadrado y ofrecer mayor libertad a los propietarios. “Con una hectárea, cada familia puede construir su propia piscina, su cancha o lo que realmente le interese”, indicó. Arbórea Hills cuenta con 16 chacras de 5.000 m2 y 50 chacras de 10.000 m2, lo que refuerza la idea de amplitud y privacidad.
En cuanto a la valorización, Domínguez se mostró convencida del potencial de la zona. Aseguró que el área se desarrolla rápidamente y que en pocos años será difícil encontrar terrenos grandes a los valores actuales. “En esta zona, en cinco años, el valor de la tierra se quintuplicó”, afirmó, y agregó que el proyecto también funciona como una inversión a largo plazo, especialmente para familias que piensan en el futuro de sus hijos.
La sostenibilidad ocupa un lugar central en el master plan. Los caminos internos se construyen con empedrado romano, un sistema permeable que reduce el arrastre de sedimentos hacia el lago Ypacaraí. “El asfalto perjudica mucho al lago, sobre todo en una zona con pendiente”, explicó. Además, el reglamento permite ocupar solo el 10% del terreno con construcción, lo que garantiza que entre el 80% y el 90% de cada chacra se mantenga verde.
El proyecto también promueve el uso responsable del agua, con la incorporación de aljibes y sistemas de recolección, en una ciudad donde el recurso hídrico representa un desafío creciente. “Tenemos que empezar a ser conscientes del cuidado del agua”, subrayó Domínguez.
De cara al futuro, la propietaria no descarta replicar el concepto en otras zonas del país. Incluso mencionó que evaluó oportunidades en el Chaco. Sin embargo, aclaró que la clave siempre será mantener la exclusividad y la baja densidad. “Este tipo de desarrollo funciona con 50, 60 u 80 familias como máximo”, afirmó. Arbórea Hills, concluyó, es una primera experiencia que busca marcar camino y consolidar un modelo que, según su visión, llegó para quedarse.
Astrid Domínguez, directora ejecutiva de Karmar Inmobiliaria Desarrolladora de Arborea Hills
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