Nuestro país volvió a ubicarse en una vidriera internacional con la apertura de la 38.ª reunión del Consejo Internacional de Coordinación del Programa sobre el Hombre y la Biosfera, conocido como MAB, de la Unesco. El encuentro reúne a representantes de varios países y pone sobre la mesa una conversación cada vez más urgente: cómo crecer, producir y cuidar la naturaleza al mismo tiempo.
La actividad contó con la presencia del presidente Santiago Peña, autoridades nacionales, referentes de la Unesco y delegaciones extranjeras. Pero, más allá del acto oficial, el punto fuerte está en lo que puede significar para el país: mostrar que su riqueza natural también puede ser parte de una propuesta de valor ante el mundo.
Uno de los grandes protagonistas fue la Reserva de Biosfera Itaipú, presentada como un ejemplo de cómo se pueden combinar la conservación, la educación ambiental, la investigación y el trabajo con las comunidades. Durante la apertura se remarcó que estos espacios no solo sirven para proteger la naturaleza, sino también para generar oportunidades para quienes viven en esos territorios.
El Programa MAB de la Unesco cuenta actualmente con una red de 784 reservas de biosfera en 142 países. Es decir, Itaipú forma parte de un circuito global que busca nuevas formas de relacionar a las personas con el ambiente, sin separar el desarrollo de la conservación.
La directora general adjunta de la Unesco, Åsa Regner, compartió un dato que ayuda a dimensionar el peso de estos espacios: los sitios reconocidos por la organización, entre reservas de biosfera, patrimonios mundiales y geoparques, están vinculados al sustento de unas 900 millones de personas en el mundo, cerca del 10% de la población global.
En el caso de Itaipú, se destacaron trabajos como el monitoreo de la calidad del agua del embalse, los estudios sobre ecosistemas, la restauración del Bosque Atlántico del Alto Paraná y los corredores ecológicos. Son acciones que muestran que la sostenibilidad no se sostiene solo con discursos: necesita datos, ciencia, seguimiento y resultados.
El encuentro también abre una lectura desde los negocios. En un mundo donde los mercados miran cada vez más la trazabilidad, el cuidado ambiental y los proyectos sostenibles, contar con una reserva de biosfera reconocida por la Unesco puede convertirse en una ventaja competitiva.
Itaipú puede funcionar como plataforma para atraer cooperación internacional, investigaciones, turismo de naturaleza, educación ambiental e incluso inversiones vinculadas a la biodiversidad. En otras palabras, cuidar los recursos naturales también puede generar valor económico y social.
Otro mensaje fuerte de la Unesco fue que la conservación no puede hacerse dejando afuera a las comunidades. Al contrario, debe construirse con quienes viven en los territorios. Por eso se habló del rol de los pueblos indígenas, los jóvenes, las mujeres y las familias que conviven todos los días con estos ecosistemas.
Durante su intervención, el presidente de la Conferencia General de la Unesco, Rolando de Barros Barreto, dejó una frase que resume bien el espíritu del encuentro: “La humanidad no salvará la naturaleza manteniéndose apartada de ella, sino aprendiendo nuevamente a vivir con ella”.
Ese es, en el fondo, el gran mensaje del Programa MAB: las reservas de biosfera no son espacios aislados ni alejados de la realidad. Son lugares donde se pueden probar nuevas soluciones para enfrentar el cambio climático, proteger la biodiversidad y mejorar la calidad de vida de las comunidades.
Para el país, ser sede de esta reunión representa una oportunidad importante. No solo por la presencia de autoridades internacionales, sino porque permite poner en valor una experiencia local con alcance global. Itaipú ya no aparece solo como una represa estratégica para la energía, sino también como un espacio con potencial ambiental, científico, educativo y económico.
El desafío ahora será aprovechar esa visibilidad. La Reserva de Biosfera Itaipú puede ayudar a abrir puertas para nuevos proyectos, más cooperación, financiamiento climático y alianzas entre los sectores público, privado, académico y comunitario.
En tiempos en que la sostenibilidad pesa cada vez más en las decisiones de inversión y comercio, Itaipú muestra que la biodiversidad también puede ser una carta para competir, atraer oportunidades y contar una historia distinta ante el mundo.
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