El dato más fuerte del relevamiento señala que el 85% de los viajeros considera importante viajar de forma más sostenible. Sin embargo, también aparece una paradoja generacional: los jóvenes expresan más intención de hacerlo, pero son los segmentos mayores quienes concretan más acciones, como reducir residuos o consumir menos energía durante sus estadías.
Para Paraguay, el hallazgo no pasa desapercibido. El mercado turístico local todavía mantiene el precio, la ubicación y la comodidad como factores centrales al momento de reservar, pero la sostenibilidad empieza a ganar terreno como diferencial competitivo. Hoteles boutique, posadas rurales, lodges en el Chaco y emprendimientos de turismo de experiencia ya comienzan a comunicar prácticas responsables como parte de su propuesta comercial.
En destinos emergentes del país, algunos operadores incorporan eficiencia energética, gestión de residuos, productos locales y vínculos con comunidades cercanas. Para un segmento creciente de viajeros —especialmente jóvenes profesionales, familias urbanas y turistas corporativos— esos atributos suman valor.
Otro dato relevante del estudio muestra que el 74% de los viajeros considera el riesgo de eventos climáticos extremos al elegir destino o fecha, mientras que el 31% ya debió cancelar o modificar viajes por esa razón. Esta variable también empieza a sentirse en Paraguay, donde las olas de calor, incendios forestales, sequías o lluvias intensas impactan en la planificación turística.
En ese contexto, destinos nacionales con mejor infraestructura, propuestas al aire libre y temporadas más amigables pueden ganar protagonismo. Encarnación, Cordillera, Misiones y circuitos del Chaco en meses frescos aparecen como alternativas con potencial para captar una demanda más selectiva.
La investigación también revela cambios en el comportamiento del viajero: el 43% planea evitar multitudes, el 42% busca viajar fuera de temporada y el 25% prioriza destinos más frescos. Para Paraguay, esta tendencia representa una oportunidad concreta de desestacionalizar el negocio turístico y distribuir mejor el flujo de visitantes durante el año.
En vez de depender únicamente de feriados largos o fechas puntuales como Semana Santa, operadores, hoteles y gobiernos locales podrían fortalecer propuestas para meses tradicionalmente más tranquilos. Eso permitiría mejorar la ocupación, los ingresos y el empleo en distintas épocas del calendario.
Además, Paraguay conserva una ventaja que otros mercados perdieron: no enfrenta niveles de saturación turística. Mientras varios destinos internacionales buscan limitar visitantes, aquí todavía hay espacio para vender tranquilidad, atención personalizada, naturaleza cercana y experiencias auténticas.
Para el sector privado, la señal es clara: la sostenibilidad dejó de ser solo reputación corporativa y empieza a convertirse en argumento de venta. Alojamientos con buenas prácticas, agencias con circuitos responsables, gastronomía basada en producción local y experiencias de bajo impacto podrían capturar una demanda en expansión.
Paraguay quizá no compita en volumen con gigantes regionales, pero sí puede hacerlo en nichos. Y en un mercado donde el viajero busca bienestar, propósito y menos estrés, esos nichos cada vez valen más.
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