¿Cómo gestionar el conocimiento que (todavía) no existe?

(Por Rodrigo Parreira, CEO, Logicalis América Latina)

Se necesitan empleados con espíritu emprendedor para formar equipos que quieran resolver los problemas actuales y aquellos que todavía no se presentaron.

Sin dudas, el principal activo de las empresas es el conocimiento, que es el que genera el valor percibido por el mercado y establece los parámetros de calidad, eficiencia y diferenciación que orientan el proceso en la toma de decisiones de un cliente, a la hora de realizar una compra.

Sin embargo, definir el conocimiento corporativo es una tarea compleja. Una parte se encuentra en las personas que se entrenan y capacitan, pero además existe un componente extremadamente relevante que nace de la experiencia lograda en el día a día de las operaciones, y que produce soluciones creativas a problemas que podrían ser eventualmente replicados y, también, el que se obtiene de los casos de éxito y fracaso.

En este contexto, el principal desafío que enfrentan las compañías es cómo capturar, estructurar y replicar este conocimiento, de forma eficiente. El problema es que en el debate de la captura del conocimiento siempre se mira para atrás. Una vez que el conocimiento fue creado, las empresas piensan en capturarlo, estructurarlo y registrarlo. Lo que falta en esta ecuación es la gestión del conocimiento a futuro, es decir, el que todavía no existe.

¿Cómo gestionar el conocimiento que aún no está disponible? ¿Cómo agregar valor a nuestros clientes en la frontera de la innovación? Este es quizás el desafío más importante que enfrentamos en este momento.

Necesitamos entender cuáles son los elementos fundamentales que se utilizarán en la construcción de estos nuevos paradigmas y asociar los elementos existentes con los nuevos componentes capturados en el mercado, a través de las fuentes más diversas: white papers, reportes de instituciones de investigación, artículos académicos, presentaciones de socios, entre otras.

Es esencial, también, la creación de grupos de discusión y comunidades de innovación. Se necesitan empleados con espíritu emprendedor para formar equipos que quieran resolver los problemas actuales y aquellos que todavía no se presentaron.

Finalmente, habrá que impulsar al máximo las herramientas y estructuras diseñadas para permitir, de manera flexible, el desarrollo profesional de las personas y la creación de grupos de trabajo. Todo eso a partir de una actitud inquieta, curiosa, adecuada para aquellos que no se conforman con las fórmulas hechas y que desean enfrentar nuevos desafíos.

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