El nombre del emprendimiento también guarda una historia íntima. Giubi relató que “Kaba” representa a su familia, ya que se forma a partir de los nombres de su esposa Katherine y su hijo Bastian. De esa manera, el proyecto se convirtió en un negocio turístico, y a su vez, en un símbolo personal que conecta directamente con sus raíces y motivaciones.
Ubicada en Altos, en el departamento de Cordillera, en un entorno rodeado de naturaleza, Kaba ofrece una experiencia que busca diferenciarse del ritmo acelerado de la ciudad. Giubi destacó que el predio alberga una amplia variedad de aves, y que sus cantos se convierten en parte esencial de la estadía. “Cada mañana regalan un despertar completamente distinto al de la ciudad”, comentó, resaltando el valor de la fauna como atractivo natural.
En cuanto al perfil de visitantes, el propietario señaló que, aunque recibieron todo tipo de grupos desde su reciente ingreso al rubro del hospedaje, el público predominante lo conforman las parejas. Esa tendencia refuerza el concepto de Kaba como un espacio pensado para el descanso, la desconexión y las escapadas privadas.
La propuesta de la cabaña combina modernidad y estilo industrial contemporáneo. Según detalló Giubi, Kaba incluye una cocina totalmente equipada, dormitorio con cama matrimonial, ropas de cama completas, toallas de rostro y cuerpo, baño moderno y una sala con sofá cama. También ofrece un parlante JBL a disposición de los huéspedes, además de parrilla y un área de fogón para disfrutar al aire libre.
Uno de los elementos que más destaca del lugar es su piscina, que según el propietario marca una diferencia importante dentro del mercado actual. “La piscina se destaca frente a lo que hoy día se encuentra”, expresó Giubi, resaltando que la cabaña tiene capacidad máxima para cuatro personas, lo que garantiza un ambiente cómodo y exclusivo. Además, el predio cuenta con seguridad las 24 horas, un punto clave para reforzar la tranquilidad del visitante.
Aunque el proyecto se encuentra en una etapa inicial, Giubi aseguró que la familia vive esta experiencia “paso a paso”, mientras observa con entusiasmo la respuesta del público. La alta aceptación que logró el emprendimiento en poco tiempo ya abre puertas hacia una posible expansión. “No descartamos la posibilidad de crecer a futuro”, adelantó.
En cuanto a los costos, el propietario explicó que la tarifa en temporada alta alcanza G. 1.000.000, equivalente a unos US$ 155. En temporada baja, los precios varían entre G. 750.000 y 850.000, es decir, entre US$ 120 y 132 aproximadamente, dependiendo de la fecha y demanda.
Con una propuesta que mezcla diseño, naturaleza y comodidad, Kaba se posiciona como una alternativa atractiva dentro del turismo interno, especialmente para quienes buscan desconectarse sin renunciar al confort. Para Fernando Giubi, el proyecto ya cumplió un objetivo esencial: convertir un sueño familiar en un espacio real, donde cada detalle apunta a ofrecer una experiencia distinta, íntima y memorable.
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