¿Y si parte del bienestar actual consistiera simplemente en detenerse, desconectarse y darle al cuerpo algunos minutos para recuperarse? En medio de jornadas laborales extensas, entrenamiento, estrés y una exposición casi permanente a las pantallas, los espacios destinados a la recuperación comienzan a ocupar un lugar diferente dentro del universo wellness.
El sauna es uno de ellos. Aunque durante años estuvo muy asociado a gimnasios, deportistas y centros especializados, hoy su público se amplió hacia personas que buscan relajarse, mejorar su sensación de descanso o simplemente incorporar un momento de pausa dentro de su semana.
Según Vera, los usuarios frecuentes mencionan principalmente una sensación de relajación muscular, menor tensión y una “descarga” del estrés después de cada sesión.
“Los usuarios frecuentes suelen reportar relajación muscular y reducción de tensión, mejora en la calidad del sueño, sensación de descarga del estrés acumulado y una sensación general de bienestar y claridad mental post-sesión”, señaló.
Del gimnasio a la oficina
El perfil de quienes utilizan estos espacios también está cambiando.Por una parte están quienes realizan entrenamiento de fuerza, running u otros deportes y utilizan el sauna como complemento de su recuperación. Pero, junto a ellos, aparecen cada vez más profesionales que buscan bajar revoluciones al terminar la jornada laboral.
También se suma un tercer grupo: personas que no necesariamente realizan una actividad deportiva intensa, pero consideran estos momentos como parte de su rutina de autocuidado.
“Hay personas que lo incorporan como ritual de bienestar, no necesariamente ligado al ejercicio”, explicó Vera.
La recuperación específicamente relacionada con lesiones o rehabilitación representa un perfil más reducido y, según indicó, generalmente se combina con otros servicios especializados.
¿Por qué atrae tanto a quienes entrenan?
Para quienes realizan actividad física, uno de los principales atractivos es la sensación de relajación muscular posterior al ejercicio. El calor produce vasodilatación y aumenta el flujo sanguíneo hacia los tejidos, algo que puede contribuir a una percepción de menor rigidez después de entrenar.
En ese escenario, Vera sostuvo que el sauna debe entenderse como un complemento y no como una solución aislada.
“El sauna funciona bien combinado con hidratación, estiramiento y descanso. No reemplaza estos elementos, los complementa”, afirmó.
Dentro de una rutina deportiva, además, recomendó utilizarlo después del entrenamiento y evitar hacerlo antes de una sesión exigente para disminuir el riesgo de llegar al esfuerzo fatigado o deshidratado.
El atractivo de salir con la sensación de “reset”
Más allá de los músculos, buena parte del atractivo está en cómo las personas aseguran sentirse después de la experiencia.
Entre las sensaciones más frecuentes se encuentran menor tensión en cuello, hombros y espalda, relajación general, sensación de liviandad y un mejor descanso durante esa misma noche.
Y aparece una palabra que cada vez tiene mayor presencia dentro de las tendencias wellness: desconexión.
Para Vera, el estrés laboral y la sobreexposición digital también están detrás del interés creciente por lugares en los que las personas pueden apartarse momentáneamente del celular, el trabajo y las obligaciones.
Es lo que describe como una cultura del “reset mental”: buscar intencionalmente un espacio físico para desconectar.
Pero incluso dentro del bienestar existen excesos. Uno de los errores más frecuentes es creer que permanecer durante más tiempo dentro del sauna generará mejores resultados. Vera advirtió que las sesiones excesivamente largas, especialmente cuando la persona no escucha las señales de su propio cuerpo, pueden jugar en contra.
La hidratación aparece como otro punto central. No beber suficiente líquido antes y después, ingresar inmediatamente luego de un entrenamiento muy intenso sin permitir que el ritmo cardíaco disminuya o comenzar con demasiadas sesiones semanales son algunos de los errores que se observan con mayor frecuencia.
Para quienes recién comienzan, la recomendación es una adaptación progresiva.
Un consumidor que ya no espera sentirse mal para cuidarse
Detrás del crecimiento de estas propuestas existe un cambio todavía mayor: la manera en que las personas entienden el bienestar. “Cada vez más se entiende el bienestar como algo integral y preventivo, no solo reactivo a una molestia o lesión”, sostuvo Vera.
Si antes servicios como el sauna estaban relacionados principalmente con atletas o recuperación física, ahora comienzan a convivir con otros hábitos de autocuidado cotidiano.
Dormir mejor, alimentarse adecuadamente, realizar actividad física y reservar espacios destinados a bajar el nivel de estrés empiezan a formar parte de una misma conversación.
Y allí podría estar una de las mayores oportunidades para el mercado wellness: un consumidor que no necesariamente espera estar agotado, lesionado o estresado para comenzar a cuidarse, sino que incorpora la recuperación como parte habitual de su estilo de vida.
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