Su formación se apoya en conocimientos de dermatología, ginecología y anatomía, disciplinas que considera esenciales para trabajar el cuerpo de forma segura y respetuosa. “Descubrí que esto no es solo una depilación, es un cuidado personal, una cuestión de salud y bienestar. No se trata solo de hacer el servicio, sino de entender la piel, el cuerpo y las necesidades de cada mujer”, afirmó.
Ese enfoque técnico fue fundamental para crear su método del 80% menos dolor. A través del estudio, la práctica constante y la observación de cientos de casos, logró perfeccionar una forma de aplicar la cera, preparar la piel y realizar el post cuidado de manera que disminuye notablemente la molestia. La fórmula conquistó a sus clientas, quienes no solo destacan el resultado, sino también la atención personalizada. “Para mí, la buena atención es tan importante como el servicio. Por eso tengo clientas de todos lados: Lambaré, Limpio, Villeta. Vienen porque se sienten cuidadas”, contó.
Tamara rechazó la idea de “piel sensible”. Explicó que, en la mayoría de los casos, no se trata de una condición médica, sino más bien de falta de cuidados corporales. Por eso evalúa cada piel antes de depilar, revisa su hidratación, hábitos, tiempo de crecimiento del vello y posibles irritaciones previas. “Cuando hay irritación o sangrado, puede ser normal en algunos tipos de piel, pero no es algo que deba pasar siempre. Por eso hago una evaluación previa y después un post cuidado específico para que la piel vuelva a su integridad normal, sin rojeces”, detalló.
La experiencia incluye calmar, hidratar y acompañar a cada persona durante varios días posteriores al servicio. Tamara incluso realiza un seguimiento por mensaje, donde brinda indicaciones sobre protección solar, hidratación, tiempo sin piscina o cuidados durante viajes. “Mi objetivo es que la clienta se sienta como en un consultorio. Le explico lo que necesita, le doy recomendaciones personalizadas y la acompaño en todo el proceso para evitar manchas, foliculitis o irritación”, agregó.
La especialista comentó que muchas clientas tardan hasta 50 días en volver después de su primera aplicación, debido a la lentitud del crecimiento. “Entre el 20% y el 30% del vello ya no vuelve a crecer en algunas zonas. El resto crece más fino, más lento y en menor cantidad. Pero sí puedo garantizar que hay una reducción importante del crecimiento, siempre que se cuide la piel y se respete el proceso”, sostuvo.
El desarrollo de su técnica llamó la atención de profesionales brasileños, país líder en estética y depilación a nivel regional. Allí fue invitada a compartir su método en Fortaleza, y este año volverá a presentarlo en São Paulo. También cuenta con alumnas y colegas que buscan capacitarse con ella, interesadas en replicar un enfoque que combina técnica, ciencia y trato humano.
Tu opinión enriquece este artículo: