Contrario a una creencia todavía frecuente, la psoriasis no es una enfermedad contagiosa. Se trata de una afección autoinmune que provoca una inflamación crónica de la piel y que puede manifestarse mediante placas cubiertas por escamas gruesas, principalmente en el cuero cabelludo, los codos y las rodillas. En algunos casos, también puede estar acompañada de picazón intensa y molestias persistentes.
La enfermedad, además, puede derivar en artritis psoriásica, una condición que afecta las articulaciones y genera dolor, inflamación y rigidez, especialmente durante las primeras horas de la mañana. Según datos compartidos por APPEAP, se estima que entre el 2% y el 3% de la población puede desarrollar psoriasis, mientras que aproximadamente uno de cada cinco pacientes con esta enfermedad presenta también artritis psoriásica.
Bellasai explicó que las consecuencias de estas patologías trascienden los síntomas físicos. El desconocimiento generalizado sobre la enfermedad suele provocar situaciones de discriminación y aislamiento social.
“Muchas personas creen erróneamente que la psoriasis es contagiosa, lo que genera rechazo y estigmatización. Esto afecta directamente la autoestima de los pacientes y, en algunos casos, incluso repercute en su desempeño laboral o en la continuidad de sus empleos”, sostuvo.
El dirigente señaló que la carga emocional puede ser tan importante como los síntomas clínicos, especialmente cuando los pacientes deben convivir con lesiones visibles o con dolores articulares que limitan sus actividades diarias.
Uno de los principales desafíos que enfrentan los pacientes es la interrupción de los tratamientos. Según Bellasai, cuando una persona que logró controlar la enfermedad debe suspender la medicación por falta de acceso, existe un alto riesgo de recaídas.
“Los cortes de tratamiento pueden provocar la reaparición de brotes en la piel y, en los casos de artritis psoriásica, dolores articulares más intensos que afectan la vida cotidiana, el bienestar emocional y la salud mental”, explicó.
Actualmente, existen diferentes alternativas terapéuticas que se aplican según la gravedad de cada caso. En etapas iniciales suelen utilizarse tratamientos tópicos, mientras que la fototerapia constituye otra opción disponible en Paraguay, aunque únicamente en el Hospital de Clínicas y en el Hospital Nacional de Itauguá.
Para los cuadros más severos, especialmente aquellos que no responden adecuadamente a tratamientos previos, los especialistas recurren a medicamentos inmunosupresores orales o inyectables, incluyendo terapias biológicas que han demostrado mejoras significativas en la calidad de vida de los pacientes.
El acceso a estos tratamientos representa uno de los mayores obstáculos para las personas con psoriasis y artritis psoriásica. De acuerdo con APPEAP, los costos pueden oscilar entre G. 15 millones y más de G. 30 millones mensuales, dependiendo del medicamento indicado y del laboratorio fabricante.
Esta realidad vuelve prácticamente inaccesible el tratamiento para muchos pacientes que dependen exclusivamente del sistema privado de salud.
En ese contexto, la asociación también expresó preocupación por los problemas de abastecimiento de medicamentos biológicos en el sistema público y previsional.
Recientemente, APPEAP denunció que pacientes con psoriasis y artritis psoriásica continúan esperando la provisión de fármacos esenciales para el control de sus enfermedades, pese a anuncios previos realizados por las autoridades sanitarias.
La organización advirtió, además, que la interrupción prolongada de estas terapias puede provocar retrocesos clínicos difíciles de revertir y comprometer la evolución favorable de los pacientes.
Desde APPEAP consideran que, además del acceso a medicamentos, Paraguay enfrenta otros retos relacionados con la atención de estas patologías, entre ellos, la escasez de profesionales especializados, las dificultades para acceder a consultas médicas y estudios de laboratorio, así como los tiempos de espera para obtener tratamientos adecuados.
Para Bellasai, mejorar la calidad de vida de los pacientes requiere no solo fortalecer la cobertura sanitaria, sino también impulsar campañas de información que permitan derribar mitos y generar una mayor comprensión social sobre estas enfermedades que, aunque no son contagiosas, pueden tener profundas consecuencias físicas y emocionales.
“La psoriasis y la artritis psoriásica son enfermedades crónicas que requieren acompañamiento continuo. Garantizar el acceso a tratamientos y combatir la desinformación son pasos fundamentales para que los pacientes puedan desarrollar una vida plena y productiva”, concluyó.
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