Desde la planta industrial de Hijas de Feliciana de Fariña, en Villa Elisa, Lourdes Florentín repasa una historia que se remonta a 1945, cuando Feliciana comenzó a elaborar chipas en Caacupé para luego venderlas en Asunción. Con el paso del tiempo, la producción fue creciendo junto con la familia, incorporando nuevas variedades en respuesta a la demanda del mercado. Entre ellas, destaca la chipita pirú, un producto que surgió a partir de un pedido especial y que hoy se convirtió en uno de los emblemas de la marca.
“Fue la señora Julia Miranda Cueto, esposa del Mcal. Estigarribia, quien en aquel entonces le pidió a mi abuela algo diferente de la chipa para degustar con el té, a la hora del té. Y de ahí surgieron las chipitas pirú, que son crocantes”, contó Lourdes.
Actualmente, la empresa mantiene una producción constante, con distribución diaria en supermercados y presencia internacional a través de terceros, llegando a mercados como España, Italia, Canadá y Estados Unidos. “La chipita pirú tiene demanda durante todo el año; su consumo se intensifica en temporadas específicas como el invierno”, comentó.
María Cristina Fariña, socia de la firma, explicó que en esta época la producción alcanza unas 30.000 unidades diarias, con una demanda que puede duplicarse. “La chipa es mucho más que un producto, es un símbolo de unión, cultura y cercanía”, afirmó. El Miércoles Santo se posiciona como el día de mayor movimiento, en el que las familias se preparan para compartir y mantener viva la tradición.
En paralelo, otras marcas del sector también experimentan un fuerte crecimiento. Es el caso de Chipería Leticia, una empresa con más de tres décadas de trayectoria que nació como un emprendimiento familiar en Minga Guazú. Su encargada en Asunción, Jacqueline Maciel, contó que el negocio inició de manera artesanal, con su fundadora elaborando y vendiendo chipas personalmente, hasta convertirse en una red de seis sucursales.
“Chipería Leticia tiene 36 años, estamos por cumplir 37. Inició con la fundadora, Elba Cantero; ella hacía la producción, ella misma amasaba y salía a vender. Comenzó con su marido, que actualmente ya falleció. Ella continuó con sus hijos y se consolidó como una empresa familiar”, relató Maciel.
Durante la Semana Santa, las ventas de Chipería Leticia llegan a triplicarse, impulsadas tanto por el consumo local como por el movimiento de viajeros. Los locales ubicados sobre rutas internacionales se benefician especialmente de este flujo, donde la chipa se convierte en una parada obligatoria junto al tradicional cocido.
El reciente desembarco de la marca en Asunción marcó un nuevo hito, ampliando su alcance y acercándose a un público urbano y también extranjero. Según Maciel, la aceptación fue inmediata, consolidando a la capital como un punto estratégico para el crecimiento. “La chipa es un producto muy bien recibido por los extranjeros; cada vez más personas la prueban y se interesan incluso en llevarla a sus países”, señaló.
En cuanto a la oferta, además de la chipa tradicional, se suman innovaciones como versiones rellenas, chipitas envasadas aptas para celíacos y la venta de masa lista para preparar en casa, una opción que cobra protagonismo en estas fechas. “La gente quiere mantener la tradición, hacer chipa en familia, compartir ese momento”, explicó Maciel.
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