Del financiamiento al impacto: cómo convertir el grado de inversión en desarrollo

(Por AF) El grado de inversión alcanzado por Paraguay abre una nueva etapa económica. Más allá de la mejora en la calificación crediticia, el desafío real será transformar esa confianza en desarrollo productivo y empleo. Si el sistema financiero logra intermediar de forma efectiva el fondeo más barato, las mipymes podrán acceder a créditos más accesibles, invertir en tecnología, ampliar su infraestructura y formalizarse. Hoy, el reto está en que la estabilidad macroeconómica se traduzca en crecimiento inclusivo y tangible para quienes mueven la economía y generan empleo, las mipymes.

El grado de inversión alcanzado por Paraguay marca un antes y un después en la historia económica del país. No se trata solo de una mejora en la calificación crediticia, es una oportunidad para transformar la estabilidad macroeconómica en desarrollo productivo, inversión y empleo, según destacan el economista y director de DCR Consultora Económica y Financiera Daniel Correa y Lorena Méndez, vicepresidenta de Asuntos Gremiales de la Unión Industrial Paraguaya (UIP).

“El grado de inversión significa que el país tiene bajo riesgo de impago, solidez fiscal y económica. En la práctica, facilita préstamos internacionales más baratos para el Estado y las empresas, atrae capitales y mejora la percepción externa”, explicó Correa.

En términos simples, el grado de inversión reduce el “riesgo país”, lo que disminuye el costo del dinero para el Estado, los bancos y las grandes empresas. Con el tiempo, esto presiona a la baja las tasas de interés locales, abriendo la posibilidad de créditos más accesibles para las empresas y consumidores.

“Para las mipymes, el efecto directo depende de cómo el sistema financiero intermedie. Si los bancos usan su fondeo más barato para ofrecer líneas competitivas, el beneficio llegará a las pequeñas empresas; si no, puede quedarse en la deuda soberana y en las grandes corporaciones”, señala Correa.

Lorena Méndez coincide en que este reconocimiento internacional genera un entorno de confianza y previsibilidad, factores esenciales para que las pymes inviertan, se formalicen y crezcan.

“El beneficio se materializa en la confianza. Las mipymes ahora acceden a créditos en mejores condiciones de plazo y tasa, algo fundamental para invertir en tecnología, infraestructura y maquinaria”, subraya.

La dirigente gremial mencionó varios instrumentos que ya están ayudando a las mipymes a aprovechar este contexto favorable, materializando la calificación:

  • Empresas por Acciones Simplificadas (EAS): facilitan la apertura formal de negocios en poco tiempo y permiten acceder al sistema financiero con garantías.
  • Ley de Garantías Mobiliarias: autoriza a las mipymes a usar maquinaria, insumos o stock como garantía para créditos, que se encuentra pendiente de ser estudiado por el Congreso Nacional.
  • Créditos verdes de la AFD: ofrecen tasas preferenciales a proyectos con eficiencia energética o prácticas sostenibles.

“Los créditos que reducen el consumo de energía o incorporan tecnologías limpias tienen tasas más bajas y plazos más amplios. Pero todavía falta difusión: muchos bancos no los promueven activamente”, mencionó Lorena Méndez.

Según Correa, los sectores más sensibles en el marco de la certificación internacional, son la infraestructura, energía, agroindustria y construcción, además de exportadores y grandes industriales que acceden a financiamiento en moneda extranjera. Estos sectores pueden captar fondeo internacional a menor costo, generando efectos multiplicadores sobre el empleo y la cadena de proveedores locales.

La vicepresidenta de Asuntos Gremiales agregó que el sector alimentos, el textil y el de packaging también están en posición estratégica para capitalizar el crecimiento, especialmente si logran certificaciones y estándares que los conecten con mercados externos.

“En la UIP trabajamos con gremios y la Unión Europea para entregar más de 137 sellos verdes a mipymes. Es un valor agregado que mejora su posicionamiento como proveedoras del Estado o de grandes industrias”, detalló

El grado de inversión también abrió las puertas a nuevas inversiones de capital extranjero, principalmente de fondos institucionales (pensiones, aseguradoras, fondos soberanos) que antes no podían invertir en países sin esta categoría.

“Paraguay ahora tiene un sello de confianza que elimina la fricción inicial. Pero atraer inversiones requiere que las empresas locales sean competitivas, transparentes y adopten estándares internacionales de gobernanza y sostenibilidad”, remarcó Correa.

Méndez resalta que los joint ventures (alianzas entre capital extranjero y empresarios locales) son una vía concreta para materializar esas inversiones.
  “El socio extranjero aporta tecnología y conocimiento, y el local, la operación y el empleo. Así se genera desarrollo real”.

Daniel Correa subrayó que el Estado tiene el deber de transformar el grado de inversión en bienestar social, a través de políticas que impulsen la formalización, la innovación y el crédito inclusivo. Propone que el Gobierno y el sistema financiero destinen parte del fondeo más barato a:

Programas de vivienda social y crédito hipotecario con tasas subsidiadas; líneas de financiamiento para mipymes con garantías parciales o compartidas, proyectos de infraestructura e innovación tecnológica que generen empleo sostenible, incentivos a la competencia entre bancos y fintech para reducir tasas activas y ampliar la inclusión financiera.

“El sistema financiero es el intermediario esencial. Debe traducir el menor costo de fondeo en productos diseñados para mipymes y emprendedores, con procesos de evaluación más ágiles y datos alternativos”, puntualizó el director de DCR Consultora Económica y Financiera.

Para Méndez, el siguiente paso es garantizar que la información y las oportunidades lleguen a todo el país, “Desde la UIP venimos trabajando en ferias, ruedas de negocio y alianzas con gremios del interior. Pero aún falta una comunicación más directa para que las mipymes conozcan las herramientas financieras que existen”.

El trabajo conjunto entre gremios, universidades, gobierno y sector privado será clave para ampliar el impacto territorial del grado de inversión. “Tenemos que salir del eje Asunción–Central. En Alto Paraná, por ejemplo, ya vemos pymes que se asocian con grandes industrias o exportan gracias a certificaciones y programas de formalización”.

Correa y Méndez coinciden en que el desafío no es solo mantener la calificación, sino convertirla en un motor de desarrollo inclusivo.

“El grado de inversión no es un trofeo, es una herramienta. Si se usa bien, puede transformar la estructura productiva del país”, afirmó el economista.
  “Tenemos instrumentos, marcos legales y voluntad empresarial. Solo falta mayor difusión, articulación y acompañamiento para que los beneficios lleguen a todos”, concluyó Méndez.

Paraguay tiene bajo riesgo crediticio y mejor acceso al financiamiento internacional. ¿Cómo se materializa?: mediante el acceso a tasas más bajas, crédito más accesible y confianza para invertir y el desafío está en que la mejora crediticia debe traducirse en un crecimiento inclusivo, empleo formal y desarrollo regional.

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