Marco Caballero: “No es que se está trabajando nomás, sino aportando al país con lo que estamos emprendiendo en el Chaco”

Heredero de una tradición empresarial familiar vinculada a la industria textil, el economista Marco Caballero Bosch emprendió su propio proyecto con la desmotadora Los Cabos SA, empresa de la que es socio gerente, y con la que apuesta a desarrollar el rubro del algodón en el Chaco.

¿Cómo empezó en la actividad empresarial?

A nivel familiar tenemos la industria textil en Pilar, Manufacturas Pilar, y ahí tenemos una larga historia dentro del rubro algodonero, porque además poseíamos entre cinco y seis desmotadoras en todo el país. Con la caída del algodón en la Región Oriental todas las desmotadoras se cerraron. Y nos quedamos con el ciclo completo en Pilar, desde el desmote hasta el producto terminado. Hace unos dos años, charlando con agricultores menonitas, me dijeron que estaban con ganas de tener una mayor capacidad de comercialización y no operar solamente con Chortitzer.

¿Ese fue el comienzo del emprendimiento actual?

Ahí surgió la idea de llevar la desmotadora, que hacía un año que estaba parada en Pilar por falta de algodón en la Región Oriental. Hicimos el proyecto y llevamos la desmotadora al Chaco, compramos una propiedad cerca de Mariscal Estigarribia, que creemos que es el epicentro de la agricultura en el Chaco y nos posicionamos a 25 km de Mariscal, sobre la Picada 500 que es la futura bioceánica. Empezamos en setiembre al tomar posesión de la propiedad y hacer el armado de la planta. Y a partir de julio de este año empezamos a desmotar.

¿Qué obstáculos encontró?

En lo que se refiere a este proyecto y a otros que tuve, el principal factor -que es un freno- es la parte de los recursos humanos. Y para el proyecto del Chaco, la energía eléctrica, que es un faltante enorme, y un poco también el conocimiento del cultivo, aunque hoy se tiene más conocimiento y de a poco la gente va a ir aprendiendo.

¿Qué consejo le hubiera gustado recibir y se lo daría a un emprendedor que se inicia?

El consejo es tirar para abajo los números que uno proyecta. Uno siempre busca un escenario de conservador a optimista, y el análisis tiene que ser con un escenario pesimista. Fue mi padre −Guillermo Caballero Vargas− quien me alertó, por sus años en este negocio. Me dijo que las cosas no se dan como uno se imagina, ya sea por el clima, la logística, la gestión agrícola. Hay muchos factores que influyen.

¿El Estado es un obstáculo o una ayuda para el empresario?

El Estado participa poco en ese sentido, si bien ahora hay que darle crédito al Gobierno porque está haciendo muchas obras en el Chaco en lo que se refiere a rutas. Y en lo que respecta a energía eléctrica está empezando a tomar en serio las cartas en el asunto, y eso va a ayudar mucho a que en el corto y mediano plazo se dé con facilidad ese crecimiento. Porque siempre la limitante en todo desarrollo, en cualquier rubro o emprendimiento, es la falta de infraestructura de caminos y energía.

¿Qué le pedirías mejorar?

Que continúe dándole más fuerza a ese desarrollo. Y en cuanto al cultivo del algodón, un aporte más fuerte en el desarrollo de variedades de semillas, para que el productor tenga una posibilidad de mayores rendimientos, mayor calidad de fibras. Es lo que podrían aportar en el corto plazo.

¿Qué virtudes y defectos encuentra en el empresariado paraguayo?

Hay mucho apoyo entre todos. Cuando inicié el proyecto de algodón empecé a tocar las puertas de gente que tiene conocimientos o industrias que ya están. Y ayudan, están para aportar, para transmitir conocimientos. Hay una apertura en ese sentido.

En cuanto a los defectos, quizás falta mayor organización del rubro, que es el desafío que tenemos de ahora en adelante. Contar con un algodón de referencia en el mundo bajo un esquema de trazabilidad del producto, que es lo que estamos trabajando.

El empresario actual ¿Debe tener mayor formación que el de antes?

Antes no existía el empresario agricultor, eran todos pequeños minifundiarios, productores de algodón que tenían unas 5 hectáreas la mayoría. No tenían acceso a mayor conocimiento o posibilidades de financiamiento, de insumos, era otra realidad. Hoy el productor es un empresario que tiene acceso a financiamiento, a información, puede desarrollar un esquema de área técnica. Ahora hay un sistema de cosecha totalmente mecanizado, lo que nos permite manejar volúmenes de hectáreas.

¿Qué libro le recomendaría al emprendedor principiante?

Hay mucho material del servicio agropecuario de la cooperativa Chortitzer, también del INTA de Argentina, y sobre todo de Embrapa de Brasil. Mucha información técnica que hoy, sobre todo con internet, hace que en meses uno pueda saber muchísimo sobre cultivo.

¿Cómo mantiene motivados a los integrantes de su equipo?

La motivación es tenerlos en un ambiente agradable, donde se puede convivir en el día a día. Y tener siempre en mente que lo que uno está haciendo, no es que está trabajando nomás en la industria sino que está aportando al país, particularmente con esto que estamos emprendiendo en el Chaco. Eso motiva muchísimo al personal.

¿Cómo lidia con el estrés?

El estrés está permanentemente encima de uno, pero hay que mirar para adelante, lo que se pueda seguir generando, las alianzas que uno pueda desarrollar. Este año fue duro, y no queda otra que mirar para adelante y ver todo el potencial que hay. Uno trata de administrar el estrés desde el inicio de un proyecto mirando las buenas expectativas para el futuro.

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