Nueva ruta a largo plazo: industriales proyectan US$ 32.000 millones en producción para el 2045

(Por SR) La Unión Industrial Paraguaya (UIP) presentó la segunda fase del estudio Una política industrial para el Paraguay del siglo XXI, un documento desarrollado junto con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que busca instalar una discusión de largo plazo sobre cómo transformar la estructura productiva del país. El trabajo plantea que Paraguay necesita avanzar desde una economía basada en baja complejidad hacia un modelo con mayor peso industrial, innovación y empleo formal.

La propuesta fue explicada por Diego Oddone, vicepresidente de Asuntos Estratégicos y Planificación de la UIP, quien sostuvo que uno de los principales aportes del informe es brindar criterios técnicos para decidir hacia dónde orientar los esfuerzos públicos y privados. “Mucho se habla sobre política industrial, pero sin números y sin medir impacto se pueden cometer errores”, expresó, al referirse a decisiones que muchas veces se toman sin una evaluación integral de resultados potenciales.

Según Oddone, el estudio busca resolver una pregunta central: qué sectores conviene impulsar para lograr mayor crecimiento económico con beneficios sociales concretos. Para responder a eso, se diseñó una metodología propia denominada VIA, sigla de Viabilidad, Impacto y Alcance temporal. El modelo mide si un sector puede desarrollarse localmente, cuánto valor agregado puede generar y en qué plazo podría consolidarse.

El ejecutivo explicó que no basta con que una actividad sea rentable o técnicamente posible. También debe tener capacidad de generar empleo de calidad, mejores salarios, formalización laboral y oportunidades de capacitación. En esa línea, el documento combina la llamada capacidad técnica con la capacidad social, para evaluar de forma más amplia el verdadero potencial de cada rubro.

Dentro de los sectores estudiados, el plástico aparece como el de mayor puntuación global, seguido por el farmacéutico. Más atrás se ubican el agroquímico y el metalúrgico, aunque todos fueron considerados sectores con posibilidades reales dentro de una estrategia industrial. Para Oddone, el plástico muestra fortaleza por el volumen de empresas instaladas y la posibilidad de ampliar mercados, mientras que la metalurgia sobresale por su capacidad de generar valor y empleo especializado.

El informe remarca, sin embargo, que ningún sector alcanza todavía niveles óptimos de competitividad, por lo que la política industrial no debería limitarse a incentivos aislados. La UIP sostiene que el país necesita construir condiciones generales para que estas actividades puedan crecer con escala y sostenibilidad.

Entre los principales obstáculos identificados figuran la energía confiable, una logística más eficiente, el acceso al financiamiento productivo y una infraestructura adecuada. “Sin energía confiable, sin una logística eficiente, sin financiamiento y sin infraestructura, a ningún sector le alcanza su potencial”, afirmó Oddone. En ese sentido, valoró iniciativas como la promoción de parques industriales, donde se concentren servicios, conectividad y mejores condiciones operativas para nuevas inversiones.

Otro de los desafíos señalados es la necesidad de innovar más y agregar valor a las materias primas. Oddone puso como ejemplo el sésamo paraguayo, que muchas veces se exporta en estado básico, mientras que en otros mercados se comercializan productos elaborados como pastas, barras energéticas o alimentos procesados. Para la UIP, ese salto industrial depende también de una mayor articulación entre el sistema educativo y el sector productivo.

“El modelo educativo y la política industrial no pueden seguir divorciados”, sostuvo el directivo. A su criterio, Paraguay necesita fortalecer la formación técnica, los oficios especializados y las capacidades vinculadas a la manufactura, la automatización y las nuevas tecnologías.

Uno de los datos más llamativos del documento es el potencial de sustitución de importaciones. Según las proyecciones presentadas, el país podría reemplazar compras externas por unos US$ 3.800 millones en una primera etapa y superar los US$ 32.000 millones hacia 2045, si logra desarrollar sectores estratégicos y mejorar la productividad.

Para la UIP, la discusión ya no pasa por preguntarse si Paraguay está listo para industrializarse, sino por asumir ese desafío como una prioridad nacional. La apuesta, sostienen, es construir una economía más compleja, con más valor agregado, mejores empleos y mayor capacidad para competir en la región.

Resultados por sectores

El sector farmacéutico aparece como uno de los candidatos más sólidos dentro de la estrategia industrial, con un puntaje cercano a 70/100 y una base ya consolidada en el mercado local. Según el análisis, cuenta con más de 30 laboratorios, alta formalización laboral, salarios por encima del promedio y presencia exportadora en más de 10 mercados. Sin embargo, enfrenta limitaciones clave como la dependencia de insumos importados, debilidades en I+D y problemas logísticos y energéticos, por lo que se lo considera “elegible con condiciones”, sujeto a mejoras en infraestructura, innovación y regulación.

En el caso del sector agroquímico o de defensivos agrícolas, el potencial radica en su alta productividad y capacidad ociosa, además de su inserción internacional con exportaciones a múltiples mercados. No obstante, presenta una fuerte dependencia de insumos importados (alrededor del 90%) y un bajo valor agregado local, lo que limita su impacto en la economía. También enfrenta costos logísticos elevados y problemas energéticos. Por ello, se lo posiciona como “elegible con condiciones”, con posibilidad de convertirse en un hub regional de formulación si logra avanzar en transformación productiva.

El sector plástico se destaca como el de mayor potencial global, con más de 275 empresas, alta generación de empleo formal y fuerte capacidad social. Ha mostrado crecimiento exportador y acceso relativamente favorable a financiamiento y energía, lo que lo convierte en un motor potencial de empleo calificado. Sin embargo, su principal debilidad es la dependencia de resinas importadas y una baja sofisticación tecnológica, con limitaciones en innovación y diversificación de mercados. Por eso, también se clasifica como “elegible con condiciones”, con foco en productividad y desarrollo tecnológico.

Finalmente, el sector metalúrgico presenta un perfil más heterogéneo: tiene crecimiento sostenido, alta formalización y presencia transversal en varias cadenas productivas, pero arrastra debilidades estructurales importantes. Entre ellas, baja capacidad técnica, escasa automatización, alta dependencia de materias primas importadas y costos logísticos elevados. Además, enfrenta problemas energéticos recurrentes y baja inversión en innovación. Por estas razones, es considerado “elegible bajo criterios especiales”, requiriendo intervenciones puntuales antes de una política de apoyo más amplia.

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