Zubirán explicó que esta transformación se profundizó porque las tecnologías dejaron de reconocer límites geográficos, lo que genera una vulnerabilidad constante para los Estados. Según el experto, la era de la disuasión ya no se sostiene únicamente en el armamento tradicional, sino en la inteligencia artificial y la capacidad tecnológica aplicada a la seguridad. “Las tecnologías ya no tienen fronteras geográficas. Hoy la gran pregunta es qué debe estar haciendo un Estado nación para protegerse”, indicó.
En ese contexto, el especialista identificó cinco frentes estratégicos que conforman “una sola guerra”: la disputa por quién impondrá el modelo tecnológico dominante que el mundo terminará adoptando. El primero se centra en la producción de chips, un mercado altamente concentrado y frágil. “Entre el 90% y el 93% de todos los chips se producen en Taiwán, y eso no puede ser. Un posible bloqueo de Taiwán por China impactaría de manera desastrosa en las cadenas de valor globales”, alertó.
Sin embargo, el experto afirmó que el verdadero recurso estratégico del futuro ya no será el petróleo, sino la energía eléctrica. “Los electrones son el nuevo petróleo. El límite de la inteligencia artificial lo va a marcar quién controla la mayor capacidad de output energético”, sostuvo. Para Zubirán, el dominio tecnológico dependerá de qué países y empresas puedan sostener el enorme consumo energético que requiere la IA, especialmente en áreas críticas como la salud o la investigación avanzada.
En ese escenario, advirtió que China lleva ventaja frente a Estados Unidos en expansión energética, lo que podría traducirse en superioridad tecnológica. Según explicó, el gigante asiático incrementa su producción a un ritmo acelerado, mientras que Estados Unidos enfrenta obstáculos estructurales para ampliar su capacidad.
El experto también señaló que esta competencia empuja a las potencias a buscar nuevas fronteras estratégicas, y allí aparece el espacio como el nuevo terreno de disputa. Zubirán afirmó que el modelo de futuro se orienta hacia una economía lunar capaz de producir energía a gran escala gracias a condiciones únicas como bajas temperaturas y amplios espacios para instalaciones.
Según indicó, este salto tecnológico ya no es ciencia ficción y hoy tiene un protagonista claro: Starlink. “La única empresa a nivel global con esa capacidad es Starlink, porque tiene más de 10.000 satélites y necesita redes de inferencia para procesar esa información”, explicó, advirtiendo que el control del espacio se vuelve una herramienta de poder económico, militar y comunicacional, con impacto directo sobre la soberanía de los países.
El especialista alertó además que el espacio ya se encuentra altamente militarizado y representa un frente de riesgo real. Afirmó que China lidera tecnologías de ataque desde superficie hacia el espacio, lo que obliga a otros bloques regionales a acelerar su preparación.
Finalmente, Zubirán ubicó al hacking como otro frente crítico de esta guerra geotecnológica, recordando recientes reportes de inteligencia sobre campañas dirigidas a destruir infraestructura. Como ejemplo, relató un apagón nacional que vivió en Madrid, donde observó reacciones sociales inmediatas ante la interrupción de servicios esenciales. “Cuando se cortó la luz, vi tres comportamientos: gente que se fue al bar como si fuera un día libre, otros corriendo desesperados a buscar efectivo porque no funcionaban los celulares ni los datáfonos, y otros acumulando agua y provisiones. Ahí te das cuenta de lo frágil que se vuelve una sociedad cuando se rompe la infraestructura”, concluyó.
En un mundo dividido por bloques tecnológicos, el experto sostuvo que Paraguay no puede mirar esta realidad como un problema lejano, ya que la dependencia digital, la energía, la conectividad y la ciberseguridad se volvieron factores de supervivencia económica y social. La geotecnología, según afirmó, ya no solo define el futuro: define quién controla el presente.
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