Datos del Banco Central del Paraguay (BCP) muestran que el acceso al sistema financiero se expandió de forma sostenida en la última década. Entre 2016 y 2025, la cantidad de cuentas de depósito en el sistema financiero pasó de 2,4 millones a 12,12 millones, con un crecimiento promedio anual del 20%. En el mismo periodo, el número de personas con al menos una cuenta bancaria aumentó de 1,6 millones a 4,2 millones.
Uno de los factores que impulsó esta expansión fue la digitalización de los servicios financieros. Las cuentas básicas de ahorro —consideradas una puerta de entrada al sistema financiero— crecieron a una tasa promedio anual del 53% entre 2016 y 2025, pasando de 143.000 a 2,7 millones.
Este proceso refleja un avance claro en inclusión financiera, facilitando que más hogares puedan administrar su dinero dentro del sistema formal.
Ahorro formal y planificación financiera
El mayor acceso también se refleja en instrumentos vinculados al ahorro. La cantidad de Certificados de Depósito de Ahorro (CDA) registró un crecimiento promedio anual del 11% entre 2016 y 2025, lo que equivale a cerca de 9.200 nuevos CDA abiertos por año. En paralelo, las cuentas de ahorro programado —orientadas a metas específicas— aumentaron a una tasa promedio anual del 21% durante el mismo periodo.
En conjunto, estos indicadores sugieren una mayor utilización de herramientas financieras formales para planificar y administrar recursos.
Sin embargo, el alcance de estas prácticas aún es limitado. Según la base de datos Global Findex del Banco Mundial, apenas el 20% de los adultos paraguayos declaró haber ahorrado en una institución financiera formal o mediante una cuenta de dinero móvil durante 2024.
Inclusión financiera antes que educación
Para la economista Martha Coronel, el país avanzó más en acceso que en formación financiera, gracias a la incorporación de tecnología y al acceso masivo a los celulares.
“La tecnología ha posibilitado que la gente tenga inclusión financiera antes que educación”, explicó.
En ese sentido, el desafío actual es no solo acceder a servicios financieros, sino aprender a utilizarlos de manera estratégica. El objetivo, afirmó, debería ser transformar el ahorro en acumulación de riqueza a través de inversiones productivas.
“Que el ahorro sea traducido en algo más productivo, en una inversión, en una casa, en un auto que me permita llegar a mi lugar de trabajo, o incluso en la formación universitaria, por ejemplo. Entonces, el nivel de educación financiera quizás mejoró con el mayor acceso, pero aún es insuficiente para saldar la segunda parte”, sostuvo.
El crecimiento del crédito y sus riesgos
Otro fenómeno relevante es la expansión del crédito al consumo. Entre 2016 y 2025, la cantidad de operaciones crediticias pasó de 2,6 millones a 6,4 millones, con un crecimiento promedio anual del 12%.
En el mismo periodo, el número de personas con al menos un crédito activo aumentó de 1,09 millones a 2,19 millones.
Desde la perspectiva del BCP, este crecimiento refleja una mayor profundización financiera y un acceso más amplio al financiamiento formal, lo que puede ayudar a los hogares a enfrentar contingencias o adquirir bienes durables.
No obstante, la autoridad monetaria también advirtió que este proceso exige fortalecer la educación financiera para evitar riesgos de sobreendeudamiento.
Coronel coincide con esta preocupación, especialmente en los segmentos de ingresos más bajos.
“En los segmentos de niveles de ingreso bajos existe siempre ese riesgo, porque los ingresos per se no son suficientes para cubrir eventos fuera de lo previsto, como una enfermedad, un accidente o el despido, es decir, quedarse sin empleo. Entonces se recurre a liquidar riqueza, la escasa riqueza acumulada”, dijo.
La economista también señaló que muchas personas acceden a instrumentos financieros sin comprender completamente su funcionamiento, lo que puede derivar en malas decisiones. Un ejemplo son las tarjetas de crédito, donde la mayor morosidad se concentra en usuarios con límites más bajos.
Las habilidades financieras básicas
Frente a este escenario, Coronel consideró que el desarrollo de habilidades financieras básicas es clave para mejorar la gestión del dinero en los hogares.
Entre ellas mencionó la capacidad de proyectar ingresos y gastos, elaborar presupuestos —aunque sea de forma simple— y comprender el funcionamiento de herramientas financieras como el crédito o el ahorro.
“Una habilidad financiera básica que debería tener cualquier persona es cómo distribuir sus ingresos. Entonces tiene que tener una proyección de sus gastos dentro del periodo en el que cobra sus ingresos”, explicó.
Un desafío pendiente
El crecimiento del sistema financiero en Paraguay muestra señales positivas en términos de acceso e inclusión. Sin embargo, tanto especialistas como autoridades coinciden en que el siguiente paso es fortalecer la educación financiera para que más personas puedan tomar decisiones informadas sobre ahorro, crédito y planificación económica.
En otras palabras, el reto ya no es solo abrir cuentas o acceder a financiamiento, sino lograr que esos instrumentos se conviertan en herramientas efectivas para mejorar la estabilidad financiera de los hogares y el bienestar económico en el largo plazo.
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