Silvia Gil: “Debemos reconocer las habilidades blandas como una exigencia del mercado y no como algo opcional”

Las empresas hoy le dan mayor importancia que antes a las habilidades blandas o soft skills. Silvia Gil, directora de Potencial Humano, expuso para los lectores de InfoNegocios cómo contribuyen al éxito personal y organizacional, cómo fomentarlas y desarrollarlas y en qué se diferencian de las habilidades duras o hard skills.

¿Cuál es la definición de habilidades blandas y en qué se diferencian de las habilidades duras?

Una habilidad es la capacidad que tiene una persona de realizar una tarea específica de manera efectiva y competente, obteniendo el resultado esperado la mayor cantidad de veces posible.

Las habilidades duras, o habilidades técnicas o específicas, son las necesarias para un trabajo repetitivo y que usualmente son impartidas en el sistema educativo tradicional o también es impartida por las propias organizaciones. A mí me gusta decir que una habilidad dura es la que necesitamos para manejar una máquina, un vehículo, un programa o un teléfono celular.

En consecuencia, podemos hablar de las habilidades blandas y decir que se refieren a cómo interactuamos con nosotros mismos y con otras personas. Estas requieren un desarrollo no sólo intelectual sino personal, social y emocional.    

¿Cuáles son las habilidades blandas más importantes en el entorno laboral actual y por qué?

Daniel Goleman menciona que las personas con desempeño estelar son aquellas que tienen como mínimo seis aptitudes emocionales bien desarrolladas: autoestima, regulación de sus emociones, influencia positiva, liderazgo al servicio del sistema, automotivación y empatía.

Y me gustaría agregar a esas competencias emocionales la resiliencia y la resolución de problemas. En el entorno actual y en un mundo tan cambiante, la inteligencia emocional es hoy en día la clave para el éxito sostenible de una persona.

¿Cómo contribuyen al éxito individual y organizacional?

Creo que las organizaciones, desde la teoría y la práctica, tienen resueltos perfiles, sistemas de formación e inducción de todas las habilidades duras necesarias para la operación y continuidad de su negocio. El desafío está en llegar al mismo resultado con las habilidades blandas.

El factor diferenciador entre una empresa exitosa y otra definitivamente está en la calidad de las personas y esto requiere de colaboradores con altos niveles de conciencia emocional y de una educación ejecutiva permanente. Es por eso que hoy se habla del Life Long Learning, (aprendizaje continuo).

¿Qué desafíos enfrentan las empresas al desarrollarlas y fomentarlas entre sus empleados?

El primer paso es reconocer a las habilidades blandas como una exigencia del mercado y no como algo opcional o que podemos simplemente tercerizar o adaptarnos a lo que hay. Lastimosamente el desarrollo de las habilidades blandas en nuestro país no forma parte de la grilla curricular de ninguno de los niveles de formación; entonces, las personas y las empresas deberán hacerse cargo de ellas.

El segundo desafío es lo generacional, liderar esa convergencia entre virtualidad, tecnología, inteligencia artificial, redes sociales, un individualismo extremo, con mantener la esencia humana y colaborativa. En pocas palabras, humanizar la tecnología.

¿Cómo se puede evaluarlas y medirlas en un entorno laboral?

Las habilidades blandas son medibles directamente desde la observación y la presencia o ausencia de ciertos indicadores o señales. Son observables en todo momento. Para ello están las mediciones responsables de clima, las evaluaciones de desempeño que van más allá de un mero formalismo, pruebas psicológicas, y mucho muy importante, a través de una verdadera escucha a las personas. Hoy ya se cuenta con varias herramientas totalmente profesionalizadas y probadas desde la ciencia.

¿Cómo pueden influir en la cultura organizacional y en el compromiso de los empleados?

Aquí es donde nuevamente quiero ofrecer una mirada diferente. Las habilidades blandas no contribuyen sino que conforman y construyen a la cultura organizacional. Citando un principio sistémico: Las empresas son lo que las personas que trabajan en ellas son. Si queremos mejores empresas debemos contar con mejores personas.

Sólo a través de un verdadero foco en la aceptación de las habilidades blandas como un factor diferenciador fundamental les podremos dar el lugar que merecen y, quizás, dejar ya de diferenciar entre duras y blandas y solamente hablar de habilidades. Y concluyo con una frase personal: Nuestro mayor desafío como personas es mantenernos estables en un mundo inestable.

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