Belén Vallejos, propietaria del emprendimiento junto a su marido, explica el origen del proyecto: “Caramelos Artesanales nace en el año 2019, cuando adquirimos una franquicia que se llamaba Papabubble, que es una franquicia española de caramelos artesanales; es decir, todo se hace de forma manual”. El lanzamiento local se dio en un momento complejo: “Los lanzamos nosotros en marzo de 2020, en plena pandemia, fue la semana más estricta del encierro, y a partir de ahí continuamos con los caramelos hasta ahora”.
Tras cinco años de trayectoria, el negocio entra en fase de rebranding. “Ahora estamos cambiando el nombre, se llama SukorLab”, comentó. La nueva marca busca despegarse del formato de franquicia y consolidar una propuesta propia, manteniendo el corazón del proyecto: la elaboración artesanal.
La apuesta inicial estuvo marcada por la novedad. “Nos pareció un negocio novedoso, algo que no se había hecho nunca en Paraguay, y quisimos probar; probamos fuerte, en realidad. No sabíamos cómo iba a impactar la marca acá”, recordó. La respuesta del público, asegura, fue positiva, especialmente por un diferencial claro: la personalización.
“La particularidad de esto es que vos podés personalizar. Por ejemplo, nosotros ya tenemos modelos de caramelos, pero si tenés un evento, personalizamos el color e incluso el logo; podemos imprimirlo y hacer los caramelos”, explicó. Esta posibilidad convirtió al producto en una opción frecuente para eventos corporativos, celebraciones y acciones de marca.
Además de la venta, el local sumó un componente experiencial. Muchos clientes no solo compran, también quieren ver —y ahora participar— en el proceso. “La gente nos pregunta mucho si puede participar en el proceso, cómo se hace. Y empezamos con los niños”, cuenta Vallejos. La iniciativa fue creciendo: “Después ya querían participar los padres, la gente adulta. Estamos con eso los días sábados”.
Los talleres se realizan por agendamiento, con grupos reducidos. “Tenemos grupos por agendamiento, porque el taller no es tan grande; entonces seleccionamos grupos reducidos para que puedan vivir la experiencia de lo que es un caramelo, del olor, del sabor y de cómo se hace de forma manual”. La actividad dura aproximadamente una hora y media y se accede mediante una compra mínima por persona.
El punto de venta también funciona como vidriera del proceso productivo. “Nuestra tienda, que está sobre la avenida España, permite que cuando van a comprar puedan escuchar y ver cómo trabajamos”, señaló, reforzando el concepto de producción en vivo.
En cuanto a la operación, trabajan principalmente a pedido y con previsión. “Nosotros no tenemos límite de pedidos; cuando hay sobre pedido, solicitamos 48 horas de anticipación. Nunca tuvimos problemas hasta ahora”. En temporadas pico, como las fiestas de fin de año, manejan plazos más amplios debido a productos especiales, como los bastones navideños.
El emprendimiento tiene también un fuerte componente familiar. “Al mando estamos mi marido, yo y mi hijo mayor”, comentó. Con una base construida a partir del boca a boca y las redes sociales, SukorLab encara ahora su nueva etapa como marca propia, apostando a convertir el caramelo artesanal en experiencia, regalo y soporte de identidad para eventos y empresas.
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