El negocio está en los detalles: Banano crece y lleva su creatividad al mundo corporativo

Lo que comenzó como un emprendimiento de pareja hoy es una empresa con más de 1.000 productos y una apuesta por el mercado corporativo.

Leandro Lezcano y Gabriela Bogado, una pareja de emprendedores, crearon la marca Banano, un emprendimiento que nació hace casi una década como complemento de Gorila, una marca de remeras. En sus inicios, Banano ofrecía accesorios como lentes de sol y relojes, pero con el tiempo comenzó a enfocarse en productos personalizados, principalmente pulseras y cadenas. Hoy atraviesa una nueva etapa, con la mirada puesta en el mercado corporativo.

En sus primeros años, la pareja apostó por incorporar tecnología que todavía no era habitual en el rubro local: adquirieron una de las primeras máquinas láser para joyería del país y comenzaron a desarrollar sus propios productos.

Con el tiempo, los pedidos de los clientes fueron marcando el camino. A los accesorios se sumaron pines, llaveros, portanombres, insignias y otros artículos que inicialmente no formaban parte de su catálogo, pero que comenzaron a fabricar a medida que surgían nuevas necesidades.

Para Gabriela, la clave siempre estuvo en darle un significado a cada pieza. “Puede ser una cadena normal, pero cuando una persona le graba la foto de sus hijos o de un padre que ya no está, cambia completamente el valor emocional que tiene ese producto”, comentó.

Esa conexión también se refleja en la forma de trabajar. Los clientes participan del proceso creativo, eligen materiales, colores y diseños, y aportan ideas para conseguir un resultado que represente lo que quieren transmitir. De esta manera, cada pedido termina siendo una creación compartida.

De los detalles al mundo empresarial

El crecimiento de la demanda llevó a la pareja a mirar más allá del consumidor final. Hace aproximadamente dos meses, formalizaron la transición hacia Banano Corp, una línea enfocada en ofrecer soluciones personalizadas para empresas, instituciones y eventos.

La propuesta incluye desde pines y llaveros hasta charms, insignias, placas de reconocimiento y artículos promocionales. Entre sus clientes hay marcas de diferentes sectores, colegios y organizaciones que buscan productos propios para fortalecer su identidad.

“Comenzamos a recibir muchos pedidos de productos que no teníamos, pero como co-creamos con el cliente, nos decían qué necesitaban y buscábamos la manera de hacerlo”, explicó Gabriela.

Actualmente, Banano cuenta con un catálogo de más de 1.000 productos, que sigue creciendo a partir de las solicitudes del mercado. La empresa atiende alrededor de 50 clientes por día y, según sus propietarios, puede llegar a producir hasta 600 artículos personalizados en 48 horas.

Detrás de esa capacidad existe una organización que combina tecnología y trabajo artesanal. Utilizan acero inoxidable, impresión UV y grabado láser, pero también incorporan cuero, ñandutí y procesos manuales que requieren dedicación pieza por pieza.

Cada pedido pasa por distintas etapas: diseño, corte, pulido, grabado, armado y empaquetado. Incluso las cajas y presentaciones reciben una atención especial. Leandro, desde las áreas administrativa, productiva y logística, coordina buena parte de esa operación para mantener los tiempos de entrega y los estándares de calidad.

Una marca con proyección internacional

La apuesta por Banano Corp ya muestra sus primeros resultados. Tras el cambio de enfoque comercial, los propietarios registraron un crecimiento del 30% en la recaudación y consideran que el modelo puede ofrecer mayor sostenibilidad para la empresa.

Al mismo tiempo, trabajan en la internacionalización de la marca. En los últimos tres o cuatro años enviaron alrededor de 100 paquetes al exterior, principalmente a clientes de Estados Unidos, España y Colombia. Ahora buscan adaptar su plataforma de ventas, los medios de pago y los procesos de envío para retomar e impulsar esa operación.

De cara a 2027, el objetivo es seguir trasladando todo el conocimiento acumulado durante estos años al segmento empresarial, sin perder aquello que dio origen al emprendimiento.

Porque, como destacó Gabriela, que un producto sea corporativo no significa que tenga que perder su lado emocional. Detrás de cada pieza también hay una idea, una historia y el cuidado de quienes la hacen posible.

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