La industria alimentaria atraviesa una transformación que está generando nuevas oportunidades para una profesión que durante años pasó relativamente desapercibida. El desarrollo de nuevos productos, los cambios en los hábitos de consumo y una mayor preocupación por la inocuidad están elevando la demanda de profesionales especializados en ciencia y tecnología de alimentos.
Cynthia Arenas, presidenta de la Asociación Paraguaya de Tecnólogos de Alimentos (Aspatal), sostuvo que la profesión está entrando en una etapa de mayor reconocimiento, especialmente después de la pandemia. Actualmente, el gremio nuclea a casi 300 profesionales y cada vez más jóvenes muestran interés por incorporarse a este campo.
“Hoy celebramos con muchísimo orgullo el Día del Tecnólogo de Alimentos. Es un día que costó mucho que tengamos y que recuerda la importancia de la presencia de un profesional capacitado para velar por la calidad y la inocuidad de los alimentos”, manifestó en entrevista con InfoNegocios.
La evolución de la oferta alimentaria está ampliando las responsabilidades de estos especialistas. Arenas explicó que ya no se trabaja solamente con los productos tradicionales, sino con ingredientes y alimentos que hace algunos años no formaban parte del mercado habitual.
“Hoy tenemos un kéfir que no es de leche, dulces de frutas que jamás pensaríamos que teníamos y flores que se consumen en restaurantes”, ejemplificó.
Este escenario obliga a las empresas a contar con profesionales capaces de evaluar procesos, materias primas, condiciones de elaboración y riesgos asociados a los nuevos productos.
A la vez, aparecen oportunidades vinculadas a recursos que todavía tienen un potencial comercial poco explorado. Arenas destacó las investigaciones que se realizan sobre hongos comestibles de los bosques paraguayos, con estudios orientados a identificarlos, determinar su toxicidad y generar conocimiento que permita incluso pensar en futuras exportaciones.
Para Aspatal, uno de los principales cambios que debe producirse en el sector empresarial es entender que el tecnólogo de alimentos no representa únicamente un costo operativo, sino una herramienta para reducir pérdidas y riesgos.
El profesional interviene en aspectos como el control de temperaturas, la calidad del agua utilizada en los procesos, la limpieza de equipamientos, el manejo de materias primas y las condiciones sanitarias del personal.
“Hay que tener muchísimo carácter porque la mentalidad del paraguayo recién ahora está diciendo: ‘Ah, cierto, tengo que tener un tecnólogo’”, afirmó Arenas.
Una gestión adecuada también puede evitar desperdicios de materia prima y problemas que terminen afectando la producción, la reputación de una empresa o incluso la salud de los consumidores.
El desafío cobra especial importancia en restaurantes y establecimientos gastronómicos, donde una falla en la manipulación puede desencadenar enfermedades transmitidas por alimentos. La profesional recordó que recientemente se registraron brotes que volvieron a poner el foco sobre la necesidad de fortalecer los controles y la capacitación.
El crecimiento del mercado también abre un debate sobre la preparación de quienes ingresan al sector. Arenas señaló que existen tecnicaturas en alimentos de uno o dos años, pero defendió que determinadas responsabilidades requieren una formación universitaria de grado.
Aspatal trabaja en conjunto con otros gremios vinculados a la ciencia y la tecnología de alimentos y mantiene mesas de trabajo con Dinavisa, el Ministerio de Salud y el MIC para actualizar normativas que quedaron desfasadas frente a la evolución de la industria.
La intención es avanzar en modificaciones regulatorias y en la aplicación del Decreto 7634, que establece aspectos vinculados al ejercicio profesional y la regencia.
Arenas considera que el mercado todavía tiene un amplio margen de crecimiento. La meta del gremio es consolidar la profesión y lograr que la presencia de un tecnólogo de alimentos sea considerada indispensable dentro de las empresas del sector.
“En cinco años va a ser un profesional absolutamente imprescindible. Nadie va a poder estar ya sin tener un tecnólogo”, proyectó.
Mientras tanto, Aspatal apunta a fortalecer la capacitación, generar nuevos espacios para los profesionales y posicionar al país internacionalmente. Entre sus objetivos figura incluso impulsar la candidatura de Paraguay como sede del Congreso Mundial de Tecnología de Alimentos en 2028, una apuesta que podría contribuir a visibilizar las capacidades profesionales y científicas locales.
Así, detrás de la creciente variedad de alimentos que llega al mercado también se amplía un campo profesional con más especialización, regulación e innovación. Para las empresas, el desafío será acompañar esa transformación con conocimiento técnico; para los tecnólogos, convertir esa necesidad en nuevas oportunidades laborales y de negocios.

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