“Michi” Gamarra: “Por más que estemos vinculados a una organización, nuestra marca personal es la que va a generar mayor confianza”

La fotógrafa y estratega visual Andrea “Michi” Gamarra destacó que la imagen profesional es parte de la estrategia de posicionamiento de empresarios y vendedores. La autenticidad y la conexión humana ganan terreno frente a las imágenes artificiales.

La imagen dejó de ser un detalle estético para convertirse en una herramienta de posicionamiento. En un entorno donde buena parte de los contactos comerciales comienza en redes sociales, la fotografía profesional y la construcción de una marca personal pueden influir en la confianza que un potencial cliente deposita en una persona.  Para Andrea “Michi” Gamarra, fotógrafa y estratega visual con 13 años de trayectoria, el desafío consiste en proyectar una imagen resulte atractiva, y sea coherente con quien está detrás de ella.

Comunicadora de formación y vinculada al mundo de la fotografía desde hace más de una década, Gamarra trabaja en la construcción de imágenes profesionales para personas, directivos y empresas. Desde su experiencia, uno de los principales cambios es la creciente importancia de la marca personal, incluso entre quienes ocupan cargos dentro de una organización.

“Por más de que estemos vinculados a una organización, una empresa o lo que fuera, nuestra marca personal es la que va a generar mayor confianza y la que va a conectar con las personas”, sostuvo.

Aunque suelen confundirse, construir una marca personal y desarrollar una imagen corporativa requieren estrategias diferentes. En el primer caso, el objetivo es potenciar el nombre, la identidad y los atributos de una persona. En el segundo, la imagen debe guardar relación con su función dentro de una empresa, su cargo y los valores que representa.

Esa diferencia se refleja en las decisiones que anteceden a una sesión fotográfica: desde la elección de la vestimenta y el peinado hasta el lugar, la postura y el mensaje que se busca transmitir.

Para Gamarra, la fotografía profesional no se limita al momento de posar frente a una cámara. Implica un análisis previo, preparación y un proceso de confianza con el cliente para definir qué imagen necesita proyectar.

En el ámbito empresarial, este trabajo también puede extenderse a los equipos. Algunas compañías recurren a retratos profesionales para sus colaboradores, mientras que otras avanzan hacia un acompañamiento más amplio en la construcción de sus marcas personales.

El retrato funciona como un primer paso: permite actualizar la foto de perfil y presentar una imagen cuidada en los canales digitales. A partir de ahí, la estrategia puede profundizarse para mantener una comunicación consistente.

Entre los segmentos donde observa una mayor atención a la marca personal se encuentran las ventas y el rubro inmobiliario. En estas actividades, donde la relación con el cliente es determinante, la imagen del profesional forma parte de la experiencia comercial.

La fotografía debe ser atractiva, pero también fiel a la persona que el cliente encontrará cuando llegue el momento de una reunión o visita. Una diferencia demasiado grande entre la imagen digital y la apariencia real puede generar distancia y desconfianza.

En ese contexto, la inteligencia artificial aparece como una alternativa para quienes buscan mejorar su presentación sin recurrir inicialmente a una sesión profesional. Gamarra estima que alrededor del 30% de las personas opta por imágenes generadas mediante estas herramientas, aunque considera que cada vez más profesionales reconocen el valor de invertir en fotografías propias.

El desafío, según su perspectiva, es evitar que una imagen artificial termine construyendo una expectativa que no se corresponda con la realidad.

Más allá de la fotografía, otro de los errores frecuentes en redes sociales es mostrar únicamente la faceta laboral. Para Gamarra, la marca personal también debe incluir los intereses, las aficiones y los aspectos cotidianos que permiten conocer a la persona detrás del cargo.

Un profesional inmobiliario, un arquitecto o un médico no necesita limitar su comunicación a la promoción de sus servicios. Compartir intereses culturales, hábitos o actividades personales puede abrir nuevas oportunidades de conexión con su audiencia.

“Lo valioso es también poder conectar con esa persona desde otros lugares”, afirmó.

La tendencia apunta a una comunicación que combine profesionalismo y cercanía, sin perder de vista los objetivos comerciales. En definitiva, la marca personal no consiste solamente en mostrar una versión idealizada de uno mismo, sino en construir una identidad reconocible y coherente.

En un mercado donde la confianza puede ser el punto de partida de una relación comercial, la imagen profesional adquiere un papel que va más allá de lo visual: ayuda a comunicar quién es una persona, qué representa y por qué alguien debería elegir trabajar con ella.

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