¿Por qué Paraguay tiene la mayor pobreza energética pese a ser un gran productor y exportador?

Un grupo de investigadores conformado por Gabriel Pereira y Richard Ríos llevó a cabo el estudio denominado Capturando la pobreza energética multidimensional en América del Sur: un estudio comparativo de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, publicado en la prestigiosa revista Frontiers. La investigación lograda mediante datos de instituciones como el Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía, demostró que la pobreza energética de Paraguay es la mayor del Mercosur, y resaltó la necesidad de combatirla y aprovechar las oportunidades de contar con energía limpia.


 

El trabajo analizó a los países del Mercosur debido a sus similitudes socioeconómicas, y demostró que durante el período de análisis, Paraguay, a pesar de ser uno de los mayores productores y exportadores de energía hidroeléctrica limpia de la región, es el más pobre energéticamente y aún presenta altos niveles de consumo de biomasa o carbón para cocinar, mientras que la electricidad solo representa el 17% del consumo total de energía final en el país.

Asimismo, la biomasa y los combustibles fósiles representan el 83%, y este fenómeno también es impulsado por el sector industrial. Paraguay es el más pobre en energía entre los países mencionados, mientras que Argentina es el menos pobre en energía. Además, Argentina mostró un resultado óptimo en el acceso a la electricidad. Sin embargo, aún quedan brechas por llenar en términos de acceso a energía moderna y limpia.

El miembro del grupo investigador, Arturo González, categorizado en el Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores (PRONII) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) explicó que la investigación midió la magnitud de la pobreza energética en Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay con un enfoque multidimensional, considerando tres parámetros como impulsores: disponibilidad, o la existencia misma de fuentes de energía; accesibilidad, es decir, transmisión de la energía a los lugares de consumo -en donde tiene dificultades Paraguay, por infraestructura-; y asequibilidad, o poder adquisitivo de los consumidores.

El índice original de pobreza de combustible se midió inicialmente en Europa a partir del parámetro del gasto del 10% o más en combustibles para satisfacer las necesidades básicas y complementarias. No obstante, este parámetro no pudo mantenerse como único, teniendo en cuenta que se trata de un fenómeno social y de muchas caras, según González.

“Es un fenómeno muy estudiado desde ese momento. Los países del norte tienen la particularidad de ser bastante fríos. En Latinoamérica tenemos de todo: cordilleras, Tierra del Fuego, pero también tenemos desiertos, zonas tropicales y zonas húmedas. Un país como el nuestro, de zonas de condiciones secas y otras húmedas, hace que la pobreza energética venga a convertirse en algo que no es lo mismo en todos los lugares”, afirmó.

Por otra parte, países como México, Argentina o Perú poseen más trayectoria en el estudio de la pobreza energética. Así, el anteriormente único índice de 10% pasó a ser solo uno más de muchos factores, culturales, climáticos y geográficos.

La paradoja de tener Itaipú y también la mayor pobreza energética
Tanto en el sector residencial como en el industrial el uso de la biomasa sigue siendo abundante. En el primero, Paraguay tuvo un menor desempeño en cuanto a pobreza energética. Por ejemplo, solamente en Asunción se registró un alto uso de gas licuado de petróleo (GLP), mientras que en el interior del país todavía se utiliza la leña, carbón y en pequeña parte el gas licuado.

“Eso tiene una explicación, que se relaciona a lo que pasa en el sector industrial. Paraguay tradicionalmente es un país que cuenta con recursos muy importantes de biomasa, pero somos principalmente un país agroexportador. Tanto la agricultura como la ganadería requieren espacios en el suelo, entonces, muchos de los recursos provienen del desmonte de bosques. Ocurre entonces una alta oferta de madera, y cuando hay mucha oferta, obviamente, el precio baja. Entonces, es muy difícil competir con la biomasa tanto en casas como en la industria”, manifestó González.

Así, en el aspecto cultural, se vería instalada la costumbre de no optimizar procesos, emplear mayor tiempo en recolección de leña y preparación del fuego, siendo un aspecto micro de las varias imposibilidades que se presentan en la transición energética.

En cuanto a lo macro, “lo que se puede hacer para lograr la transición energética es aprovechar los excedentes (de Itaipú) y más todo lo que nos corresponde, para desarrollar pequeñas y medianas industrias”, aseveró.

Para González, las industrias deberían aprovechar la electricidad para generar valor agregado. “Incluso identificamos algunos tipos de industrias que podríamos llegar a desarrollar e impulsar para lograr eso; pero más que nada, es importante destacar que todo el excedente tiene una fecha límite, porque a medida que pasa el tiempo, vamos generando mayor demanda, sobre todo en el sector residencial. Según informes, en el 2035 la demanda de energía eléctrica sería igual a la oferta de energía eléctrica”, expresó.

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