Para Rocío Pérez, presidenta de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Instituciones Educativas del Paraguay (Fedapar), no existe un valor promedio que refleje con precisión la realidad del sistema educativo. “Es demasiado variado. Depende mucho de si hablamos de colegios públicos, privados subvencionados o privados, y también del nivel de exigencia de cada institución”, explicó en entrevista con InfoNegocios.
En el sector público, la mayoría de los alumnos recibe los kits escolares provistos por el Estado, lo que reduce de manera importante el gasto en útiles. Sin embargo, los uniformes siguen corriendo por cuenta de las familias. En el sector privado subvencionado, cumplir con la lista puede costar desde G. 1.200.000, mientras que en los colegios privados el gasto parte desde G. 2.500.000 y puede escalar hasta G. 5.000.000 solo en útiles, sin incluir vestimenta ni otros elementos adicionales.
Los ejemplos relevados en librerías y comprobantes de compra muestran cómo se construye ese monto. Para un estudiante de tercer grado, los libros obligatorios por materia se ubican, en promedio, entre G. 103.000 y G. 140.000. Matemática, Comunicación, Vida Social y Trabajo, o Medio Natural y Salud se mueven en ese rango, mientras que los textos de Inglés y Guaraní oscilan entre G. 75.000 y G. 85.000. Solo en libros, una lista puede sumar entre G. 650.000 y G. 750.000, antes de incorporar cuadernos, útiles varios y materiales específicos.
A esto se suman los elementos de apoyo personal que hoy forman parte habitual de las listas escolares: calculadoras, flautas, cartucheras completas y botellas térmicas. El hoppy, por ejemplo, puede costar desde G. 45.000 hasta G. 300.000, dependiendo de la marca y la calidad. “En esos casos ya entra en juego la decisión de los padres y el presupuesto disponible”, señaló Pérez.
Uno de los puntos que suele generar discusión es la exigencia de marcas o editoriales específicas. Desde Fedapar aclaran que, en la mayoría de los casos, estas decisiones responden a criterios pedagógicos y metodológicos, y no a intereses comerciales. “Cuando se menciona una editorial, no se trata solo del contenido del libro, sino también de la metodología y la pedagogía que se va a aplicar en clase”, explicó la dirigente.
El uniforme escolar es otro componente de alto impacto. En colegios públicos, un conjunto básico puede arrancar desde G. 300.000, aunque con prendas de menor durabilidad. En instituciones privadas y privadas subvencionadas, el guardarropa completo —uniforme diario, educación física, gala, abrigo y calzado— puede ubicarse entre G. 800.000 y G. 1.200.000, especialmente cuando se compra todo desde cero.
Además, algunas instituciones avanzan hacia modelos en los que el uniforme está registrado como marca, lo que limita la posibilidad de mandarlo a confeccionar fuera del circuito autorizado. Aunque no es una práctica generalizada, desde Fedapar señalan que, de darse, se rige por las mismas normas legales que cualquier marca comercial.
En síntesis, la vuelta a clases se consolida como una de las principales “inversiones” del año para las familias. “No hay un techo fijo: todo depende del colegio y del nivel de gasto que cada padre esté dispuesto o pueda asumir”, concluyó Pérez. Una realidad que, en un contexto de ingresos ajustados, obliga a planificar con antelación cada inicio del calendario escolar.
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