Para la abogada Ana Paula Ayala, de Tuma Legal Group, quien también es magíster en Derecho Civil y Procesal Civil, muchos problemas que aparecen en estos casos podrían evitarse con una planificación previa. Con sus años de experiencia en el rubro de las sucesiones, afirmó que los conflictos más grandes no siempre se generan en cuestiones estrictamente jurídicas, más bien en la ausencia de qué ocurrirá con la empresa cuando el fundador ya no esté.
"La mejor sucesión es la que se organiza antes del conflicto", dice.
Un error constante es creer que los herederos pueden disponer inmediatamente de todos los bienes vinculados al empresario fallecido. Sin embargo, cuando existe una sociedad comercial, los herederos no reciben directamente los inmuebles, vehículos, cuentas bancarias o maquinarias de la empresa. Lo que heredan son las acciones o cuotas sociales que pertenecían al causante, según la especialista.
En palabras simples, lo que pasa es que la empresa continúa existiendo ya que sus activos siguen siendo propiedad de la sociedad y su administración debe regirse por las normas previstas en el estatuto, a través de directores, gerentes o representantes legales.
Aunque la situación es diferente respecto a los bienes personales del fallecido, pues los herederos adquieren derechos hereditarios desde el momento mismo de la muerte, para vender, transferir o disponer formalmente de inmuebles, vehículos u otros bienes registrables normalmente será necesario atravesar el correspondiente proceso sucesorio.
Pero los aspectos patrimoniales son apenas una parte del problema.
Ayala enfatizó en que los conflictos más habituales aparecen porque se mezclan tres dimensiones muy distintas que son la familia, la propiedad y la gestión del negocio. Con frecuencia, algunos herederos trabajan desde hace años dentro de la empresa y consideran que deben continuar liderándola, mientras otros, que nunca participaron de la gestión, reclaman acceso a información financiera, distribución de utilidades o participación en las decisiones.
A ello se suma la realidad común en las empresas familiares paraguayas que es la excesiva dependencia de una sola persona. Muchas veces el fundador era simultáneamente dueño, gerente, principal negociador, firmante bancario y responsable de las decisiones estratégicas.
Cuando esa figura desaparece sin haber preparado una transición, la incertidumbre puede trasladarse rápidamente a toda la organización.
"Una empresa familiar puede sobrevivir a un conflicto entre herederos; lo que difícilmente pueda soportar es una prolongada ausencia de conducción", advierte.
La profesional también recordó que en Paraguay existen límites legales específicos para la distribución de una herencia. La legítima hereditaria protege a los llamados herederos forzosos y restringe la posibilidad de disponer libremente de todo el patrimonio mediante testamento. Por eso, muchas creencias populares sobre la posibilidad de dejar una empresa o todos los bienes a una sola persona no siempre son jurídicamente viables.
Aunque en Paraguay todavía pocas personas realizan testamentos, Ayala sostiene que esta herramienta sigue siendo valiosa para ordenar la sucesión, establecer directrices y reducir potenciales conflictos familiares. Sin embargo, aclara que por sí sola no resuelve todos los problemas y debe integrarse a una planificación patrimonial y empresarial más amplia
Entre las medidas que recomienda se encuentran la separación entre patrimonio personal y empresarial, la correcta estructuración societaria, la implementación de protocolos familiares y la preparación de quienes asumirán responsabilidades en la siguiente generación.
"La sucesión no debería comenzar con el fallecimiento; debería planificarse muchos años antes", concluye.
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