Bienestar, equilibrio y nuevos hábitos: el yoga se consolida como negocio y estilo de vida

(Por BR) Anteriormente, encontrar un lugar para practicar yoga era difícil; casi no había espacios especializados. Sin embargo, eso empezó a cambiar. Entre el 2024 y el 2025 vimos una fuerte tendencia hacia el cuidado personal, el bienestar y la búsqueda de nuevos hábitos, como el pilates y el yoga, sobre todo. Hoy, en 2026, podríamos considerarlo como un estilo de vida que se fue consolidando.

Hay más centros especializados y diversas modalidades de práctica, impulsadas por una creciente búsqueda de bienestar, equilibrio emocional y calidad de vida. Para María Silvia Corteza, propietaria de Estudio Bindu y practicante desde hace más de 15 años, la evolución fue notable tanto en la cantidad de personas interesadas como en la oferta disponible para quienes desean acercarse a esta disciplina.

“Cuando empecé a practicar yoga, las opciones eran mínimas. Recuerdo que, preguntando a personas que ya practicaban, siempre me recomendaban dos lugares. No había mucho más. Lo mismo ocurría con las formaciones profesionales, que eran muy limitadas”, recordó.

Según María, en aquella época una de las pocas alternativas de formación disponibles en Paraguay era la de Kundalini Yoga. Incluso los maestros que impartían las clases llegaban desde países como Estados Unidos, México, Chile y Argentina. “Había una persona que organizaba las formaciones acá, pero nuestros maestros venían del exterior. Las posibilidades eran muy reducidas comparadas con las que existen hoy”.

El crecimiento del yoga se aceleró especialmente en los últimos años y tuvo un impulso importante tras la pandemia. Corteza considera que muchas personas comenzaron a buscar herramientas que les permitieran sentirse mejor física y emocionalmente. “Después de la pandemia hubo una necesidad muy fuerte de encontrar algo que ayudara a sentirse bien. Eso hizo que más personas se acercaran al yoga y que también se abrieran nuevos espacios”.

Uno de los cambios más significativos fue la transformación de la percepción social sobre esta práctica. “Durante mucho tiempo, el yoga estuvo asociado a conceptos místicos, esotéricos o incluso religiosos, algo que generaba cierta resistencia. Antes había muchas personas que pensaban que era algo raro; hoy eso cambió muchísimo porque cada vez más personas practican yoga y comparten sus experiencias positivas”, comentó.

Para Corteza, gran parte de quienes hoy enseñan yoga comenzaron como alumnos que encontraron beneficios personales tan significativos que decidieron profundizar sus conocimientos.

“En mi caso, empecé a practicar porque me hacía muy bien. Hice la formación no porque quisiera enseñar, sino más bien porque necesitaba saber más. Después, cuando uno integra esa herramienta a su vida y ve los cambios que genera, nace naturalmente el deseo de compartirla con otras personas”, explicó.

Sin embargo, advirtió que practicar yoga y convertirse en instructor son procesos muy diferentes. La creciente popularidad de la disciplina también puso sobre la mesa la importancia de la formación profesional y la responsabilidad que implica guiar a otras personas.

“No basta con practicar yoga o aprender algunas posturas. Para enseñar se necesita una preparación seria, certificaciones y experiencia personal. Las personas llegan a los estudios con diferentes necesidades físicas, emocionales y energéticas, y el instructor debe estar preparado para acompañar esos procesos”, afirmó.

Actualmente existen más opciones de formación en Paraguay, especialmente en modalidades como Hatha Yoga, Hatha Vinyasa, Power Yoga o Yoga Fitness, que suelen atraer a quienes buscan una práctica con mayor exigencia física. No obstante, las alternativas siguen siendo limitadas en comparación con otros países.

“Hay estudios que ofrecen certificaciones internacionales y programas de formación, pero siempre es importante investigar, preguntar dónde estudiaron los instructores y qué tipo de preparación tienen. Por ejemplo, en Cumana, una alumna mía de Bindu hizo hace poco la formación de Hatha y recibió una certificación internacional. También hay otro espacio de yoga que se llama Yoga Domi, donde se practica aeroyoga y vinyasa, y suelen hacer formaciones para ser instructor”, sostuvo.

“El yoga es para todos, pero también merece respeto. Tiene una historia, una filosofía y una trayectoria muy valiosa que debemos cuidar y transmitir de manera responsable”, agregó.

Precisamente, ese legado es el que busca reconocer el Día Internacional del Yoga, recordado cada 21 de junio por iniciativa de las Naciones Unidas. Más allá de una fecha simbólica, representa una oportunidad para visibilizar una herramienta que cada vez encuentra más espacio en la vida cotidiana de las personas.

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