Quinta Santa Ana: el refugio privado que nació en pandemia y hoy conquista a parejas y familias cerca del cerro Patiño

Lo que comenzó como un proyecto familiar terminó convirtiéndose en una propuesta turística que hoy atrae a quienes buscan desconectarse del ruido urbano. En plena pandemia, cuando viajar al extranjero se volvió imposible, una pareja decidió apostar por el turismo interno y transformar su propiedad en un alojamiento pensado para el descanso y la privacidad. Así nació Quinta Santa Ana, un espacio que combina naturaleza, comodidad y vistas privilegiadas en la ciudad de Itauguá. 

La propietaria relató que inicialmente construyó la quinta para uso exclusivo de su familia, pero el contexto sanitario cambió los planes. “Llegó la pandemia, nadie podía viajar al extranjero y dijimos: ¿y si invertimos en un alojamiento?”, explicó. La idea surgió a partir de una pasión compartida con su esposo: recorrer Paraguay y descubrir diferentes hospedajes, experiencia que luego inspiró el concepto del emprendimiento.

Actualmente, Quinta Santa Ana ofrece dos alternativas de alojamiento, adaptadas a distintos públicos. Por un lado, cuenta con una cabaña glamping exclusiva para parejas, diseñada para escapadas románticas. También dispone de una opción más amplia denominada “Oga Guazú”, pensada para grupos familiares o de amigos, con capacidad desde una pareja hasta diez personas.

El atractivo del lugar no solo pasa por su infraestructura, sino por su entorno natural. Rodeada de abundante vegetación, fauna y flora, la quinta se ubica en una zona estratégica: cerca de la ciudad, pero lo suficientemente alejada como para transmitir calma. “La zona transmite paz y relajación para los amantes de la naturaleza”, señaló la propietaria, al describir el ambiente que buscan ofrecer.

 En cuanto a comodidades, la propuesta apunta a una experiencia completa. La quinta incluye habitaciones con blanquería, televisión por cable, WiFi, baño privado, cocina totalmente equipada, sala comedor y área de parrilla. Además, suma espacios de recreación y descanso como piscina, jacuzzi, pérgola, hamacas paraguayas y zona de fogón, con un plus que se vuelve protagonista: las vistas al cerro Patiño y al lago Ypacaraí.

 La empresaria destacó que uno de los pilares del emprendimiento gira en torno a la privacidad. Cada alojamiento funciona como un espacio independiente, sin áreas compartidas con otros huéspedes. “Mantenemos nuestra temática que es totalmente privada, no se comparte con otras personas”, afirmó, remarcando un diferencial que se vuelve cada vez más valorado por quienes buscan tranquilidad.

 El sistema de hospedaje también se adapta a la comodidad del visitante. Quinta Santa Ana no opera con recepción ni servicio al cuarto, ya que el manejo se realiza de manera directa vía telefónica, lo que permite un check-in ágil y sin esperas. Como detalle adicional, el establecimiento ofrece una canasta de cortesía para aquellas parejas que desean disfrutar de un desayuno durante su estancia.

 De cara al futuro, el emprendimiento apunta a seguir creciendo. La propietaria confirmó que planea construir más cabañas, manteniendo el mismo concepto de exclusividad y privacidad. La expansión busca responder a una demanda creciente, impulsada por el auge del turismo interno y por el interés de quienes priorizan escapadas cortas sin alejarse demasiado.

 En cuanto a precios, las tarifas varían según el tipo de alojamiento, el día de la semana y la cantidad de personas. Sin embargo, la quinta maneja un rango que va desde G. 350.000 por pareja hasta G. 700.000, posicionándose como una opción atractiva dentro del mercado de alojamientos privados en Paraguay.

 Quinta Santa Ana ofrece una propuesta de alojamiento dirigida a parejas y grupos, con dos modalidades de estadía y un sistema de atención telefónica que facilita el check-in, en un entorno natural cercano al cerro Patiño y con vista al lago Ypacaraí.



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