“El tomate no se producía en verano por miedo, desconocimiento o falta de decisión para enfrentar el problema de fondo”, explicó en entrevista con InfoNegocios Edgar Frutos, técnico a cargo del proyecto Tomate Todo el Año y coordinador de Gestión Agraria del MAG. Durante años, la combinación de temperaturas superiores a los 45°C, fotoperíodos prolongados, suelos degradados, variedades poco adaptadas y un manejo técnico limitado restringieron la producción nacional a los meses más frescos del año, obligando a liberar masivamente permisos de importación.
El plan demostró que producir tomate en condiciones extremas no solo es posible, sino también rentable y sostenible. La estrategia incluyó la incorporación de híbridos adaptados al clima local, un manejo nutricional más preciso, el uso de inductores fisiológicos para mejorar la tolerancia al estrés y una fuerte capacitación técnica a los productores. “Se trabajó para que la planta resista mejor el calor, las plagas y el estrés ambiental, y eso se reflejó directamente en el rendimiento”, señaló Frutos.
Los resultados respaldan la estrategia. El rendimiento promedio nacional alcanzó los 3,9 kilos por planta, superando ampliamente la meta inicial de entre 2,5 y 3,5 kilos. En parcelas con manejo óptimo se registraron picos de hasta 8 kilos por planta. En términos globales, la producción total ya ronda los 3.762.000 kilos de tomate, generando ingresos por más de G. 26.334 millones. El 95% de las unidades productivas alcanzaron los objetivos trazados, con Caaguazú y Amambay destacados como polos productivos.
La cosecha se logró en un ciclo aproximado de 90 días y actualmente se encuentra en su etapa temprana, con un incremento sostenido del volumen. “A partir de febrero y hasta marzo estaríamos entrando en la zafra más fuerte, con alrededor de 1.200.000 kilos mensuales”, detalló el técnico. Este nivel de producción permitió mantener estable el abastecimiento del mercado interno y evitar, hasta el momento, la habilitación de permisos de importación.
El impacto también se refleja en los precios. En finca, el tomate se comercializa entre 7.000 y 7.500 guaraníes por kilo, un valor considerado rentable para el productor. En el mercado mayorista, la caja de 20 kilos se ubica entre G. 190.000 y G. 200.000, lo que equivale a entre G. 9.000 y G. 10.000 por kilo. “Con estos precios, el productor cubre sus costos, sostiene a su familia y puede seguir invirtiendo”, afirmó Frutos.
Desde el MAG destacan que el rol del Estado fue clave para garantizar la rentabilidad del pequeño productor. El control de los permisos de importación permitió evitar el ingreso de tomate extranjero en momentos críticos, protegiendo el precio local. “Atajar las importaciones sin control fortalece la soberanía productiva, evita la salida de divisas y mueve la economía interna”, sostuvo el técnico.
Actualmente, el plan involucra a 1.232 productores y tiene capacidad para llegar a 2.000, con una entrega máxima estimada de 4,5 millones de semillas por zafra, un techo definido para evitar la sobreoferta y la caída de precios. A mediano plazo, el objetivo es que el rubro se consolide y camine con menor asistencia estatal, permitiendo al MAG enfocar esfuerzos en otros cultivos estratégicos y diversificar la producción.
“El tomate paraguayo hoy rompe paradigmas”, resumió Frutos. La experiencia deja un precedente concreto: con tecnología, acompañamiento técnico y políticas públicas coherentes, la agricultura familiar puede producir todo el año, incluso en escenarios climáticos adversos, y convertirse en un pilar de la seguridad alimentaria y el desarrollo rural del país.
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