En un contexto donde la agregación de valor en origen gana protagonismo dentro del agro paraguayo, la Cooperativa Capiibary dio un paso estratégico al incursionar en la producción de harina de maíz, un producto con alta demanda estacional y potencial de expansión comercial.
“Estamos montando y ya tenemos los equipos necesarios, como molinos, clasificadora de granos y otros utensilios para la cocción”, explicó, en conversación con InfoNegocios, Sindulfo Daniel Villalba, presidente de la cooperativa.
El proyecto lleva aproximadamente un año en desarrollo y ya muestra resultados concretos. Actualmente, la iniciativa involucra a 79 productores que proveen maíz para su procesamiento, consolidando un modelo asociativo que busca fortalecer la producción local.
En términos de volumen, la cooperativa comercializa entre 1.500 y 2.000 kilos de harina de maíz por mes, una cifra que responde principalmente a la demanda del mercado local. Sin embargo, el verdadero salto está proyectado para las próximas semanas.
Con la llegada de la Semana Santa —una de las temporadas de mayor consumo de productos derivados del maíz en Paraguay—, la cooperativa apunta a triplicar su volumen de ventas. “Queremos llegar a vender unos 6.000 kilos”, adelantó Villalba, marcando una meta ambiciosa pero alineada con el comportamiento del mercado en esta época.
Uno de los factores clave detrás de este crecimiento es el acompañamiento técnico y financiero del Proyecto de Inserción a los Mercados Agrarios (PIMA), que permitió dotar a la cooperativa de equipamiento esencial. Entre los activos incorporados se destacan una clasificadora de granos y un camión refrigerado con capacidad de 7.000 kilos, lo que mejora la logística y la calidad del producto.
Además, la organización se encuentra en proceso de acceder a un segundo desembolso que permitirá ampliar su infraestructura. Entre las inversiones previstas figuran una pista de secado de maíz y el fortalecimiento del soporte técnico para los productores, lo que apunta a mejorar la productividad y la calidad del grano.
Más allá de la harina de maíz, la cooperativa también mantiene otras líneas de producción, como la comercialización de maíz en grano y alimentos balanceados para aves, diversificando así sus fuentes de ingreso.
En cuanto a la comercialización, el producto ya tiene presencia en despensas locales, aunque la estrategia apunta a expandirse a nuevos distritos e incluso a otros departamentos. “Estamos saliendo ahora a otros lugares para ampliar nuestra cobertura de ventas”, comentó Villalba.
No obstante, el camino no está exento de desafíos. El principal obstáculo identificado es la alta competencia en el mercado, donde varios actores ya operan en la producción de harina de maíz. A pesar de ello, la cooperativa apuesta a diferenciarse mediante la calidad del producto y la integración directa con los productores.
Con más de 4.500 asociados en total —y alrededor de 1.500 vinculados directamente al programa productivo—, la Cooperativa Capiibary se posiciona como un actor relevante dentro del esquema de agricultura familiar organizada.
El caso refleja una tendencia creciente en el agro paraguayo: pasar de la producción primaria a la industrialización, capturando mayor valor dentro de la cadena. En ese sentido, la harina de maíz no solo representa una oportunidad comercial, sino también una herramienta para dinamizar las economías rurales y generar ingresos más estables para los productores.
De cara al corto plazo, la prueba de fuego será la Semana Santa. Si las proyecciones se cumplen, la cooperativa no solo consolidará su modelo productivo, sino que también sentará las bases para escalar su operación en los próximos meses.
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