Hablar con Agustín es también hacer un recapitulado de la historia del teatro paraguayo. “Un momento muy importante fue haber sido invitado por Víctor de los Ríos o "Víctor Prandi", (director español radicado en Paraguay) tenía una compañía de teatro, integrado por grandes actores de ese momento fue en 1969 para hacer un personaje pequeño, pero importante en una obra llamada "Este Cura" de Alfonso Paso una comedia muy divertida”, recordó. Según comentó la obra proponía una reflexión sobre la actualización de ciertos conceptos dentro de la religión católica. “Ese fue un comienzo fundamental para mí”, afirmó.
Poco después, entre 1969 y 1970, Núñez fue parte de una ruptura estética que cambiaría el rumbo del teatro paraguayo. Junto a compañeros y compañeras de la Facultad de Arquitectura, fundó el grupo independiente Tiempo Ovillo, una experiencia que, según la actriz e historiadora Edda de los Ríos, dividió al teatro nacional en un “antes y después”. “La idea era ir guardando nuestras experiencias como en un ovillo, acumulando sentido”, explicó Núñez sobre un colectivo que se animó a romper los cánones establecidos de la época.
Esa vocación por cruzar lenguajes y derribar fronteras atraviesa toda su carrera. “Experimente muchas disciplinas, pero todas están vinculadas a la tarea escénica, actuar, dirigir, trabajar en teatro, cine y televisión”, sostuvo. Para Núñez, hoy más que nunca los límites entre las artes se diluyen. “El teatro es el espacio más apto para ese cruce de disciplinas. Se alimenta de todo, de la vida misma”.
Formado como arquitecto —carrera que culminó en la Universidad Piloto de Colombia - Bogotá, Núñez nunca abandonó esa mirada. “Yo hago arquitectura en el teatro, en la escena, en los sets de cine y televisión. Ahí se aplican todas las reglas de la arquitectura, pero al servicio de un hecho estético y expresivo”, reflexionó. Espacio, estructura, ritmo y proporción se vuelven así herramientas narrativas.
Entre los proyectos que marcaron su vida, uno sobresale con fuerza, la primera puesta en escena a nivel mundial de Pedro Páramo, la célebre novela de Juan Rulfo. El estreno tuvo lugar en Colombia, tras cinco años de investigación y escritura teatral. La obra permaneció dos años y medio en cartelera y sentó las bases de un trabajo profundo con el realismo mágico, “me sirvieron de fundamento, de base, de cimiento importante para llevar a escena La Candia Eréndira, una versión del cuento de García Márquez, y la obra Pedro Páramo, que marcó un hito importante dentro del teatro paraguayo. Está considerada la obra de teatro que más público convocó en toda la historia del teatro nacional”, contó.
Otro hito que Núñez describió como el impacto más fuerte de su vida artística, ese el de Yo el Supremo. La adaptación de la novela de Augusto Roa Bastos coincidió con el retorno de la democracia, el regreso del propio Roa del exilio y su vuelta al país tras 16 años en Colombia. “Fue una conjunción de factores históricos y personales muy potentes”, mencionó. El desafío era enorme, llevar a escena una obra compleja y hacerla accesible a todo tipo de público. “Creo que lo logramos ampliamente”, dijo.
El impacto fue tal que personas de Estados Unidos, Alemania o Argentina viajaban exclusivamente para ver la obra. Universidades de Europa y Norteamérica siguen analizando hasta hoy la adaptación teatral, no solo la novela. “Fue una etapa de muchísimo estrés, de funciones agotadas, de no dar abasto”, confesó. Yo el Supremo también llegó al Festival Mundial de Teatro de Cádiz, consolidando su proyección internacional.
La formación de nuevas generaciones es otro eje central de su legado. “El Estudio se crea como parte del proyecto del Centro de Investigaciones y Divulgación Teatral”. Que junto a Gloria Muñoz y Ricardo Migliorisi, y con la asesoría intelectual de Roa Bastos funcionó como escuela, la primera escuela privada en Paraguay. “Esta venía con un proyecto piloto realizado en Colombia durante dieciséis años. En Colombia, el Centro de Expresión Teatral fue la primera escuela privada de formación actoral. Hasta hoy en día, en teatro, televisión y cine, varios de los actores y actrices graduados en el set siguen vigentes y produciendo obras de muy buena calidad”, indicó.
Y en esa línea, “El estudio se crea tomando como base esa escuela que yo siempre quise tener, esa escuela que cualquier actor sueña, y se basa en los principios de derechos humanos, el derecho a la vida, el derecho a ser felices, el derecho a ser respetado y respetar, y el desarrollo de la libre expresión en la escena”, agregó. “El primer encuentro es con el ser humano, después con el artista”, cita a Grotowski. Basado en principios de derechos humanos, libre expresión y respeto, El Estudio sigue formando actores y actrices comprometidos con su tiempo. “Se saca hombres y mujeres protagonistas del momento histórico que les toca y les tocará vivir. Aportar de cualquier manera en que se pueda ser útil para un desarrollo armónico de nuestra sociedad, un desarrollo sensible, analítico y crítico”, sumó.
Para Núñez, el teatro y la sociedad son inseparables. “El teatro es el reflejo de la vida, presentada dentro de un concepto estético. A medida que cambian los tiempos, surgen nuevos problemas y nuevas formas de contarlos”, puntualizó.
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