“Hoy me siento bien como para salir a hablar como Clara, sin pelucas, sin nada, hablar de esa mezcla de todo. Yo desde siempre me sentí artista, desde que tengo ilusión ya sabía lo que quería. Decía: ‘¿Dónde iba a ir a parar?’, según yo, en Hollywood. Pero llegué a Villa Morra, ese es mi chiste de siempre. Y yo creo que un artista crece y se hace todos los días, y se puede volver a empezar, como en todas las cosas de la vida”, contó.
Aunque afirma que perdió la cuenta de cuántos shows y obras realizó —con seguridad más de 10 y menos de 50 solo en teatro—, su trayectoria trasciende cualquier numerología. Desde sus primeros pasos soñando con Hollywood, su ADN artístico funciona, según describió, como un torbellino creativo.
“En mí está todo. Yo estoy creando un personaje, estoy actuando otra cosa, salgo un ratito, atiendo mi teléfono, preparo la comida, al perro, le pago al delivery… Todo junto hago en una misma escena, en un minuto. Por eso creo que no hay una pose que se repita dentro de mí. Creo todo junto porque me gusta demasiado actuar, disfrazarme, cantar. Me gusta decir todito, todo lo que descubrí a lo largo de los personajes y tantos escenarios… Cuánto un artista puede llegar a la gente, cuánto uno puede hacer”, expresó.
En Clara conviven una actriz dramática, una comediante incisiva y una imitadora meticulosa que retrató desde políticos hasta figuras populares, siempre bajo una regla innegociable: el respeto. “Por más que sea política o lo que sea, trato de no caer en la grosería ni en la chabacanería. Pero si te equivocaste, hermano… te regalaste”, dijo.
Para Clara, el humor cumple una función fundamental: espejar la realidad social. “Siempre los humoristas, a la hora de hacer chistes, estamos los que nos reímos de lo que nos duele, de lo que no, de nuestra situación. Hace poco vi a un standupero que hacía esa dualidad: el europeo cuando espera el colectivo y el paraguayito cuando espera el colectivo. Es genial ese chico. Y ahí es cuando digo que nuestro humor se basa mucho en la situación social. Me encantaría poder mostrar un poco más: por ejemplo, tenemos la mayor hidroeléctrica y no tenemos luz; tenemos un acuífero y nos estamos fundiendo. Eso quiero mostrar, pero estratégicamente”, mencionó.
La parodia es, para ella, una herramienta elegante para denunciar sin herir, exagerando características físicas o actitudes. Y aunque algunos se enojan, destacó que la mayoría entiende el juego y se ríe junto a ella. Entre sus personajes más queridos está la yuyera, una figura alegre y resiliente que representa a mujeres trabajadoras que cargan con realidades duras, pero siguen sonriendo. “Tras la risa hay pena, sacrificio. Es una mujer con miles de hijos, nietos, que madruga, que cura, que sostiene”, dijo. En su próximo proyecto teatral profundizará aún más este personaje, llevándolo a interactuar con el público.
Otro personaje icónico es Eusebio, la caricatura de todo lo que a Clara le disgusta de ciertos comportamientos masculinos, nacido de experiencias personales y observaciones del machismo cotidiano. “Logré durante años matar una de mis arquerías, lo que me molestaba. Me reí de eso y logré que crean que era un hombre”, enfatizó.
Aunque sus personajes se convirtieron en una máscara entrañable, Clara admitió que también fueron refugio. “Escondí muchas cosas tras las pelucas y las risas. Había otras cosas que, bueno… aprendí a abrazarme básicamente. Con los personajes llegué a muchas cosas. Mirando así digo: ‘wow, ¿esto lo hice yo?’. Los personajes son otra cosa. No sé si son yo —según yo, no—. Lo que busco siempre es salirme de los personajes y entrar en algo que no soy, y eso es muy genial: vivir otras vidas”, dijo.
En esa misma línea, contó: “Miro cualquier hoja que se caiga y ya me inspira, para reírme, por lo menos para decir ‘vyresa’. Lo que todavía no hice en el arte y quiero hacer es cine. Quiero salir un poco más afuera. Ya llegué a Buenos Aires, a México, un poquitito, pero muchas cosas más me encantaría poder hacer alguna vez”.
Su sensibilidad también se nutre del arte paraguayo, especialmente de la música. Mencionó con profundo orgullo el reconocimiento recibido por parte de la Cámara de Diputados, el premio Emiliano Hernández, y celebró que las nuevas generaciones busquen y valoren las raíces culturales del país.
Clara también reflexionó sobre los desafíos del artista emergente: “Que la juventud que hoy se está adentrando en el humor busque lo nuestro para sentirse orgullosa, porque hay muchísimo y es muy lindo. Además de la disciplina, uno como artista va adquiriendo muchas cosas. Hay gente joven muy valiosa, y lo único que no quiero es que sea invadida por personas egoístas”.
“Lo importante es que sepan sobrellevarlas, que sepan mantenerse y que tengan claro que, si hay un bajón, siempre hay una manera de levantarse otra vez. No todo se termina ahí. Porque si sos como ese pingüinito que se va por debajo pero igual quiere cruzar la montaña, del otro lado también hay cosas lindas. Y si te morís por el camino… ni te enterás”, acotó.
Como último punto, Clara presenta actualmente una síntesis de su vida y de su recorrido artístico con Odelirá. “Todos los Claras están ahí. Desde la entrada voy a hacer varias cosas que son muy mías, incluso antes del estreno. Cosas que vienen de afuera pero que tienen muchísimo que ver con el espíritu que va a tener este show. Odelirá soy totalmente yo. Casi no salgo del escenario”, dijo.
Clara habla del tiempo con la lucidez de quien vivió muchas vidas arriba del escenario. Cada minuto importa, cada experiencia pesa y cada pérdida, grande o pequeña, recuerda lo esencial. “Si esto llega a abrir algo nuevo, creo que siempre es hacia adelante. Yo siento que sigo en la actuación, sigo trabajando en la tele. Todavía no me echaron, todavía no me autoeliminé; al contrario, llegué más lejos. Así que creo que sigo”.
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