“Desde muy chico supe que quería dedicarme al arte. Lo que todavía no tenía claro era desde qué disciplina iba a hacerlo. Como muchos niños con inquietudes artísticas, fui explorando distintos caminos: estudié cinco años en el conservatorio de música, aprendí guitarra y participé en talleres de teatro durante toda mi etapa escolar”, contó.
Más adelante, en 2014, ingresó a la carrera de Comunicación Audiovisual y, un año después, inició sus estudios en la Escuela de Actuación. Durante varios años combinó ambas disciplinas. Esa doble formación, aseguró, transformó su manera de crear. “La actuación me dio una sensibilidad distinta para dirigir, para trabajar con los actores, acompañar sus procesos y comprender la construcción de un personaje desde adentro”, explicó.
Mientras trabajaba como productor en un programa de televisión, entendió que era momento de dejar la estabilidad laboral para apostar por lo que realmente le apasionaba. “Con el tiempo encontré mi voz y entendí qué historias quiero contar y cómo deseo hacerlo. Me interesan las historias reales, aquellas que nacen de las problemáticas sociales y que pueden generar preguntas, reflexión o incluso transformación. Para mí, el teatro es el reflejo de la vida misma. Es un espejo donde el espectador puede verse, incomodarse, emocionarse, reír, llorar y cuestionarse. Si una obra logra mover algo en quien la presencia, si deja una enseñanza o una nueva perspectiva sobre la realidad, siento que mi trabajo está cumplido”.
Dentro de ese universo creativo, las mujeres ocupan un lugar central. La fuerza, la sensibilidad y la complejidad del universo femenino aparecen de manera recurrente en sus dramaturgias, convirtiéndose en protagonistas de muchas de las historias que escribe y dirige. Los reconocimientos comenzaron a llegar muy temprano. En 2017 escribió y dirigió un cortometraje que obtuvo el premio a Mejor Cortometraje en la cuarta edición del Festival Sombras Prócer Latino, además del galardón a Mejor Actriz para su protagonista.
Dos años después presentó Con olor a lluvia, en formato breve, dentro del ciclo Petit Teatro, junto con la Alianza Francesa. La obra recibió el Premio Edda de los Ríos a Mejor Obra Corta. En 2021 escribió y dirigió Cambala, presentada en el ciclo Teatro Mbyky, que también fue distinguida con un Premio Edda de los Ríos como Mejor Obra Corta.
Su evolución artística continuó en 2024 con la versión extendida de Con olor a lluvia, estrenada en Espacio La Recova, una producción que obtuvo el Premio Edda de los Ríos 2025 como Mejor Obra Social. En 2025 llevó nuevamente a escena la versión ampliada de Cambala, declarada, además, de Interés Cultural por la Secretaría Nacional de Cultura.
Si bien desarrolla su carrera tanto en teatro como en audiovisual, Pastore sostiene que ambos lenguajes exigen formas de trabajo muy diferentes. “El teatro es la base de la actuación. En el escenario, el cuerpo, la voz y la energía deben proyectarse hasta el último espectador. En cambio, en el audiovisual, la cámara registra el más mínimo detalle, por lo que la interpretación debe ser mucho más sutil”.
Sin embargo, en sus últimas producciones decidió integrar ambos universos. Cada escena fue concebida con una composición visual inspirada en el lenguaje cinematográfico, cuidando la iluminación, la escenografía, los objetos y la puesta para que cada cuadro pudiera convertirse en un plano de cine.
Ese mismo espíritu creativo dio origen a La Recova, el espacio cultural que impulsó a partir de una necesidad personal de crear lejos del ritmo acelerado del centro histórico de Asunción. “Quería un lugar donde el tiempo pareciera detenerse y donde tanto artistas como público vivieran una experiencia distinta e íntima. Después entendí que no debía ser solamente para mis proyectos, sino una casa abierta para otros creadores”, señaló.
Para Pastore, fortalecer el ecosistema teatral y audiovisual paraguayo implica mucho más que generar nuevas producciones. Considera indispensable reconocer el papel que cumple el arte en la construcción de una sociedad más crítica y consciente. “El teatro y el cine tienen la capacidad de poner frente a nosotros realidades que muchas veces preferimos no mirar. No solo entretienen: educan, generan pensamiento crítico, construyen identidad y preservan nuestra memoria cultural”, sostuvo.
También remarcó la importancia de contar historias propias. “Creo profundamente en la importancia de contar nuestras propias historias, con nuestro ñe'ẽ paraguayo, nuestra identidad y nuestra forma de ver el mundo. Cuando llevamos nuestras costumbres, tradiciones, expresiones y vivencias al escenario o a la pantalla, estamos creando una obra artística y también estamos preservando nuestra memoria cultural para las futuras generaciones”.
Una de ellas es una producción realizada junto con Plan International y la Escuela de Actuación TIA, enfocada en generar conciencia sobre una problemática social. La obra tendrá una función privada el 29 de julio y una presentación abierta al público el 30 de julio, a las 19:00, en la Alianza Francesa.
Pocos días después, el 7 de agosto, estrenará Las hijas de Nina, la tercera producción que dirige en La Recova, concebida como una experiencia inmersiva en la que el espectador deja de ser un simple observador para formar parte de la historia.
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