Ferrari ubica el origen de su historia en la infancia. “Mi primer recuerdo es de muy chica, en la cancha del colegio con 7 años, con una pelota casi más grande que yo”, contó. El deporte no apareció por casualidad en su vida: el básquet formaba parte de su entorno familiar. “El basket siempre fue parte de mi vida y de mi familia ya que mis dos hermanos mayores también jugaban, así que crecí prácticamente dentro de una cancha”, recuerda.
Ese vínculo temprano con el deporte pronto se convirtió en una convicción. A los 12 años tomó una decisión que marcaría su futuro. “Le dije a mis padres que quería ser jugadora profesional”, relató. En ese momento comenzó a jugar en primera división, una experiencia que le permitió medirse con jugadoras mayores. “A esa edad comencé a jugar en primera y me di cuenta que era lo que me gustaba y que podía comenzar a competir con las más grandes. Ahí me di cuenta que el basket era mi camino”, afirmó.
La carrera de Ferrari pronto la llevó más allá de las fronteras paraguayas. A lo largo de los años compitió en distintas ligas del mundo, una experiencia que le exigió adaptarse a nuevas realidades. “Al principio, la distancia de la familia y adaptarme a nuevas culturas y formas de juego fue lo más difícil”, explicó. Sin embargo, con el paso del tiempo transformó ese desafío en aprendizaje. “Cada experiencia te hace crecer como jugadora y como persona”, sostuvo.
El camino hacia el alto rendimiento tampoco resultó sencillo. Para la basquetbolista, ser atleta profesional desde Paraguay implicó enfrentar barreras adicionales. “Muchos desafíos: salir joven del país, adaptarme sola a otros lugares y demostrar constantemente que desde Paraguay también podemos competir al más alto nivel”, señaló. Ferrari también remarcó la importancia de abrir camino para otras mujeres en el deporte. “Quería demostrar que una mujer puede tener una carrera deportiva profesional digna”, agregó.
Mantenerse durante años en la élite exige algo más que talento. Ferrari atribuye su vigencia a una combinación de disciplina y pasión. “La constancia, el cuidado constante del cuerpo, la mente y la disciplina en los entrenamientos fueron claves”, explicó. A eso suma un elemento central en su carrera: “Sobre todo, la pasión por el juego. Amar lo que hago es lo que me mantiene motivada”.
Esa motivación, aseguró, sigue presente después de tantos años en el deporte profesional. Cada temporada y cada competencia representan una nueva oportunidad de seguir creciendo dentro y fuera de la cancha, una filosofía que marcó su trayectoria desde los primeros pasos en el básquet.
Aunque su vida siempre giró en torno a la pelota naranja, Ferrari imaginó con humor cómo habría sido su camino lejos del básquet. “Seguramente algo relacionado con el deporte”, comentó entre risas. Incluso se anima a otra posibilidad: “Creo que podía haber sido una gran tenista”.
Con una carrera consolidada y una historia de perseverancia detrás, Paola Ferrari se posiciona como una de las figuras más representativas del básquet paraguayo. Su recorrido refleja cómo una pasión nacida en la infancia puede transformarse, con disciplina y determinación, en una trayectoria que trasciende fronteras.
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