Según estimaciones publicadas por Bloomberg y Reuters, las autoridades japonesas habrían utilizado entre US$ 34.000 millones y US$ 35.000 millones en recientes operaciones destinadas a fortalecer el yen, marcando una de las mayores intervenciones cambiarias de los últimos años.
La reacción fue inmediata. El yen registró uno de sus mayores saltos frente al dólar desde 2024, luego de que el mercado interpretara que Tokio estaba dispuesto a intervenir agresivamente para evitar una depreciación mayor de su moneda.
Detrás de ese movimiento aparece un tema mucho más sensible para los inversores globales: Japón es uno de los mayores tenedores extranjeros de deuda estadounidense. Y cada vez que interviene en el mercado cambiario necesita dólares para comprar yenes, algo que podría implicar ventas parciales de bonos del Tesoro de EE.UU.
Medios internacionales y analistas financieros comenzaron a advertir que un escenario de ventas más agresivas podría generar presión sobre los rendimientos de la deuda norteamericana, en un momento donde los bonos estadounidenses ya atraviesan un contexto delicado por tasas elevadas, inflación persistente y creciente déficit fiscal.
Reuters señaló además que Japón habría intensificado sus intervenciones aprovechando periodos de baja liquidez en los mercados durante los feriados de mayo, con operaciones que podrían haber superado los 10 billones de yenes en pocos días.
La preocupación de fondo no pasa solamente por el tipo de cambio. También está vinculada al llamado “carry trade”, una estrategia que durante años permitió a inversores financiarse barato en yenes para colocar capital en activos estadounidenses de mayor rendimiento.
Con el Banco de Japón mostrando señales más agresivas y evaluando nuevas subas de tasas, parte de estos flujos podrían comenzar a revertirse. Eso implicaría menos demanda por bonos y activos estadounidenses, generando volatilidad tanto en Wall Street como en el mercado cambiario global.
Bloomberg Línea recordó recientemente que los mercados incluso empezaron a comparar la situación actual con el histórico Acuerdo Plaza de 1985, cuando Estados Unidos y Japón coordinaron medidas para debilitar el dólar y fortalecer el yen.
Por ahora, la mayoría de los analistas considera poco probable que Japón liquide masivamente sus tenencias de bonos estadounidenses, ya que eso también afectaría el valor de sus propias reservas. Sin embargo, el solo hecho de que el mercado vuelva a discutir ese escenario refleja el nivel de fragilidad que existe actualmente alrededor de la deuda norteamericana.
Reuters también informó que funcionarios japoneses mantienen conversaciones frecuentes con autoridades estadounidenses sobre la situación cambiaria, mientras crecen las expectativas en torno a una próxima visita del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, a Tokio.
La situación confirma cómo una decisión tomada en Tokio puede impactar rápidamente sobre el dólar, las tasas estadounidenses y el humor financiero global.
Tu opinión enriquece este artículo: