Hasta ahora, la legislación partía de una lógica patrimonial y, con la nueva ley, el eje se desplaza hacia el bienestar animal como bien jurídico protegido, reconociendo que los animales poseen un sistema nervioso capaz de experimentar dolor, miedo, estrés y sufrimiento emocional.
“Reconocer al animal como un ser sintiente, para mí, es un paso muy grande y no es humanizar al animal, sino reconocer que el animal también siente”, afirmó Diana Camarasa, fundadora de Olfateando Huellas.
El nuevo estatus implica que el daño ya no se mide solo por lesiones visibles. El concepto de “malestar significativo” —angustia, miedo extremo o soledad prolongada— pasa a tener valor jurídico, incluso sin marcas físicas. Este enfoque modifica la lectura de delitos como la crueldad y el abandono, ya que, al existir sintiencia, el daño se considera irreparable, lo que habilita sanciones más severas y cambia el criterio de los jueces al momento de evaluar pruebas.
Uno de los efectos más relevantes de la Ley 7513/25 es el endurecimiento del régimen sancionatorio, con penas que pueden llegar hasta seis años de cárcel en los casos más graves. La norma clasifica las conductas en leves, graves y muy graves, e incorpora situaciones que antes no estaban contempladas con claridad.
Camarasa explicó que el camino legislativo no fue lineal y que el proyecto original sufrió modificaciones durante su tratamiento en el Congreso. “Desde 2020 nosotros venimos trabajando con el proyecto de ley. Ahora pudimos rescatar varios artículos y logramos que se reconozca a los animales como seres sintientes. Eso, para mí, es un gran logro”, reconoció.
No obstante, reconoce que persisten tensiones, especialmente en delitos como la zoofilia, donde las penas actuales resultaron menores a las planteadas inicialmente. “La zoofilia, que antes permitía mandar presa a una persona por seis años, hoy quedó en cuatro años”, relató.
La nueva ley también introduce precisiones prácticas que impactan en la vida cotidiana, como la regulación de qué hacer cuando un animal es atropellado, el reconocimiento legal de las colonias felinas y cambios en la tenencia responsable. Además, se elimina el término “potencialmente peligroso” y se lo reemplaza por la figura de animales de manejo especial.
“Depende de cómo críes a tu perro para que sea potencialmente peligroso; entonces no podemos discriminar a las razas”, indicó Camarasa, quien remarcó que el comportamiento está directamente ligado a la crianza y al entorno.
El debate sobre si este reconocimiento implica humanizar a los animales también aparece en el centro de la discusión pública. Para la fundadora de Olfateando Huellas, la diferencia es clara: “Humanizar sería vestirlo como humano, sentarlo en la mesa. Considerarlo un ser sintiente es reconocer que siente calor, frío y sed. El dolor no conoce de especies”.
Con la Ley 7513/25, Paraguay no equipara jurídicamente a los animales con las personas, pero sí redefine su lugar en el sistema legal: dejan de ser cosas para convertirse en seres vivos cuyo sufrimiento tiene relevancia jurídica y consecuencias penales.
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