“Cuando hablamos de instalarse, no estamos hablando solo de tener un papel o una empresa constituida. Se trata de poder vivir y operar en el país con normalidad, poder firmar contratos sin depender de terceros, abrir cuentas bancarias sin trabas, tomar decisiones estando presente”, explica la abogada Olinda Llano, del estudio MAYN.
En ese sentido, el concepto va mucho más allá de lo societario. En la práctica, implica contar con una estructura que funcione en el día a día, donde lo migratorio juega un rol central. “Y eso incluye lo migratorio, específicamente el hecho de contar con una cédula de identidad paraguaya. Porque si la persona que invierte no puede moverse con libertad o no tiene respaldo legal para estar en el país, todo lo demás empieza a complicarse”, agrega.
Este punto suele ser subestimado por muchos inversores que creen que el proceso comienza y termina con la constitución de una sociedad, ya sea una S.A., S.R.L. o una EAS. Pero la realidad es otra. “Establecer una empresa es solo una parte, y ni siquiera la más crítica en muchos casos. Constituir una sociedad en Paraguay es relativamente simple y rápido, especialmente las EAS, que hoy son las más utilizadas. El problema viene después”.
De hecho, existen múltiples casos de estructuras societarias correctamente armadas que no logran funcionar en la práctica. “He visto varias estructuras perfectamente armadas en lo societario que en la práctica no funcionan. ¿Por qué? Porque el inversor no está bien instalado, no puede operar con fluidez o termina dependiendo de terceros para cosas básicas”.
La analogía es clara: “Pensar que la inversión empieza y termina con una sociedad es como pensar que crear una cuenta de Instagram es tener un negocio. Es decir, eso es apenas el inicio”.
Dentro de este esquema, la situación migratoria del inversor se convierte en un pilar estratégico. “La situación migratoria (obtención de cédula paraguaya) es lo que le da al inversor la posibilidad real de estar, decidir y operar”, señala.
Al hablar de “base migratoria”, se refiere a una residencia bien estructurada, alineada con el proyecto que la persona quiere desarrollar en el país. “No es solo cumplir un requisito, es generar estabilidad. Sin eso, el inversor queda en una especie de limbo: puede tener empresa, puede tener capital, pero no tiene control real. Y una inversión sin control es una inversión débil”.
Los riesgos de no contar con esta base son varios. El primero es la dependencia: la necesidad constante de intermediarios para operar, lo que incrementa costos y riesgos. A esto se suman limitaciones operativas, como dificultades para interactuar con el sistema bancario, firmar determinados actos o cumplir adecuadamente con obligaciones fiscales.
Pero también hay un riesgo más silencioso: la falta de previsibilidad. “Cuando no tenés tu situación ordenada, cualquier cambio normativo o control puede impactarte más de lo que debería”.
En este contexto, lo migratorio, lo legal y lo operativo deben entenderse como partes de un mismo sistema. “Lo societario te da la estructura, lo migratorio te da la posibilidad de usar esa estructura y lo operativo es lo que hace que todo eso genere resultados. Cuando esas tres cosas están alineadas, la inversión fluye”.
Finalmente, el foco está en un cambio de enfoque que todavía está en proceso, ya que Paraguay sigue ofreciendo condiciones atractivas, pero el inversor actual es más exigente. “No solo se enfoca en los beneficios impositivos o costos. Mira dónde puede instalarse de verdad, dónde puede vivir, operar y proyectarse”.
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