Durante años, aquella imagen quedó instalada en la memoria colectiva paraguaya. Pero también quedaron los recuerdos de las previas, las camisetas, los posibles feriados si Paraguay avanzaba y toda una generación que convirtió ese Mundial en parte de su identidad.
Y aunque durante mucho tiempo la sensación mundialista quedó archivada en la nostalgia, septiembre de 2025 volvió a despertar algo que parecía dormido: Paraguay clasificó nuevamente a una Copa del Mundo después de 16 años. Con eso regresaron las banderas en los autos, las camisetas albirrojas, las discusiones futboleras, el clásico festejo frente al Panteón Nacional de los Héroes… y también una enorme oportunidad para las marcas.
Porque el fútbol dejó de ser solamente deporte. Hoy también es consumo, experiencia y marketing emocional. En Paraguay, pocas cosas generan tanta conexión colectiva como la Albirroja.
Las marcas entendieron rápidamente que el verdadero negocio no estaba únicamente en vender productos, está en vender emociones. El marketing experiencial volvió a ganar protagonismo y prácticamente todos los sectores empezaron a subirse a la ola mundialista, desde alimentos y bebidas hasta ropa urbana, estaciones de servicio y cadenas gastronómicas.
Una de las marcas que mejor capitalizó este fenómeno fue Oro Bruto. La firma paraguaya de ropa urbana lanzó una colección inspirada completamente en el folclore futbolero nacional. Desde referencias al clásico “Cosas del fútbol” hasta estampas inspiradas en los festejos frente al Panteón Nacional de los Héroes, la marca logró transformar la nostalgia albirroja en diseño y moda urbana.
La colección incluye 25 piezas inspiradas en los colores desgastados de la ciudad, los festejos populares y toda esa estética futbolera que volvió a tomar las calles tras la clasificación. La estrategia apunta directamente a un consumidor que quiere vestir una camiseta y quiere sentirse parte de un momento histórico.
Las marcas de alimentos también encontraron en la nostalgia una poderosa herramienta comercial. Lácteos Trébol apostó por el lema “A escribir la página de gloria”, mientras que Tippy apeló directamente a los recuerdos de las meriendas mundialistas con referencias visuales a la camiseta del 2010. Porque para los que salían del colegio o los niños pequeños, la previa de los partidos comenzaba con chocolatada, galletitas y la televisión prendida desde temprano.
Por el lado de los snacks, Saladix explotó otro ritual clásico que es las previas entre amigos. La marca lanzó campañas sobre los distintos tipos de amigos durante una previa y acompañó la estrategia con sorteos para viajar al Mundial o equipar una sala completa para vivir los partidos desde casa.
Mostaza también decidió sumarse con su “Combo Selección” bajo el lema “Nunca te achiques”, acompañado de promociones y experiencias relacionadas con la Copa del Mundo.
Sin embargo, si existe una marca históricamente ligada a las previas futboleras en Paraguay, esa probablemente sea Pilsen. La cervecera volvió a apostar por botellitas edición especial, abridores coleccionables, colores albirrojos y con premios debajo de las tapitas. La estrategia busca generar sentido de pertenencia alrededor de cada partido.
Lo mismo ocurre con Coca-Cola, históricamente asociada a los mundiales. Esta vez, presentó sus latas coleccionables y promociones vinculadas al álbum oficial. Algunas campañas ya conectan directamente el consumo cotidiano con las figuritas mundialistas: una Coca-Cola de 500 ml más G. 3.000 equivale a un sobre del álbum.
Mientras tanto, Shell presentó una de las acciones más llamativas del mercado local al lanzar la primera colección oficial de figuras Playmobil inspiradas en los protagonistas de la clasificación paraguaya al Mundial.
A la ola también se sumaron Mickey con nuevos packaging temáticos de sus condimentos pensados en el asado con los amigos o la familia y Arcor, que activó campañas mundialistas con sus productos Mentos Plus, Mogul, Rocklets y Tortuguita, ofreciendo sorteos de viajes y experiencias relacionadas con la Copa del Mundo.
La clasificación de Paraguay reactivó la pasión futbolera y volvió a despertar una poderosa economía emocional donde las marcas entendieron que, más allá del producto, lo que realmente consume la gente es la posibilidad de volver a sentir la misma sensación de aquel 2010.
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