Los bosques cubren más del 30% de la superficie del planeta y, bien gestionados, pueden convertirse en motores de empleo, crecimiento económico y reducción de la pobreza, especialmente en regiones rurales donde las oportunidades siguen siendo limitadas. Hoy, el sector forestal emplea de forma directa a 33 millones de personas a nivel mundial, pero su impacto real va mucho más allá, por cada 100 empleos forestales, se generan en promedio otros 73 puestos adicionales en el resto de la economía.
El desafío es doble. Por un lado, las economías emergentes enfrentan un rápido crecimiento demográfico y procesos acelerados de urbanización. Por otro, la pobreza rural persiste, a pesar de que muchos de estos países cuentan con abundantes recursos naturales renovables, desde bosques y biodiversidad hasta reservas pesqueras. Según el Banco Mundial, esa riqueza natural representa una oportunidad económica aún subexplotada.
Los casos concretos empiezan a mostrar el camino. En Zambia, por ejemplo, el turismo vinculado a los bosques generó empleo para el 30% de la población en edad de trabajar en las zonas cercanas al Parque Nacional Luangwa del Sur. El modelo demuestra que los medios de vida asociados a los ecosistemas forestales pueden convertirse en una piedra angular del desarrollo rural.
En América Latina, Brasil emerge como uno de los ejemplos más ambiciosos. En la región del Cerrado, uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del mundo y hogar de unos 25 millones de personas, la Corporación Financiera Internacional (IFC), brazo del sector privado del Grupo Banco Mundial, impulsa una estrategia de reforestación que apunta a restaurar y gestionar de forma sostenible 280.000 hectáreas de tierras degradadas.
El proyecto está liderado por Timberland Investment Group (TIG), uno de los mayores administradores de tierras forestales del mundo y plataforma de inversión de BTG Pactual, el mayor banco de inversión de América Latina. La iniciativa combina negocio y sostenibilidad bajo un enfoque claro, la mitad de las tierras se destinarán a plantaciones madereras comerciales certificadas, mientras que el resto se enfocará en la restauración de ecosistemas nativos.
El impacto económico no es menor. Se prevé la creación de 1.800 empleos a lo largo de las cadenas de valor, incluidos 800 puestos directos en gestión forestal sostenible. “La conversión de ranchos ganaderos de baja productividad en proyectos de restauración y granjas forestales comerciales ya ha generado cientos de nuevos empleos rurales”, explica Mark Wishnie, director de sostenibilidad de BTG Pactual TIG.
Más allá de los números, el beneficio es estratégico, los nuevos empleos se concentran en zonas rurales, donde el acceso al trabajo formal es escaso, fortaleciendo el desarrollo local y reduciendo la presión migratoria hacia las ciudades.
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