Para entender cómo acompañar a las plantas durante los meses más calurosos del año, conversamos con la ingeniera agrónoma Claudia Ovelar, propietaria de Verde Musgo, y con la paisajista y propietaria de Jardín Vivero Delivery, Celeste Romero, quienes coincidieron en un punto clave: en verano, observar a las plantas es tan importante como regarlas.
“En verano el error más frecuente es regar por rutina, sin mirar realmente la planta”, explicó Ovelar. El exceso de agua, especialmente en horarios inadecuados, puede ser tan dañino como la falta de riego. Regar al mediodía, cuando el sol está en su punto más alto, provoca que el agua se evapore rápidamente y, además, puede generar quemaduras en hojas y raíces.
Celeste Romero reforzó esta idea y adviertió sobre el llamado efecto lupa: “Regar al mediodía es terrible, porque el agua está más caliente y las gotas sobre las hojas intensifican el sol, lo que hace que las plantas se quemen”.
El horario ideal, coincidieron ambas especialistas, es temprano por la mañana o al atardecer, cuando el sol baja y la planta puede absorber mejor el agua.
Ovelar sumó otro detalle que suele pasar desapercibido: “Si la manguera estuvo al sol, hay que dejar correr el agua antes de regar, porque sin querer podés estar regando con agua muy caliente y dañar la raíz”.
En cuanto a la frecuencia, “no todas las plantas necesitan lo mismo”, aclaró la ingeniera. Para las plantas de interior, recomienda regar cada 5 a 7 días, siempre controlando la humedad del sustrato. “Si regamos de más, se encharca el suelo y se pudren las raíces”, señaló.
En el caso de las plantas de exterior en maceta, el riego puede ser diario o día de por medio, dependiendo del tamaño de la maceta y la exposición al sol. “Si regás temprano, muchas plantas aguantan mejor todo el calor del día”, agregó.
Romero adviertió además que en espacios cerrados el calor se intensifica: “Cuando el ambiente está cerrado y húmedo, se vuelve más caluroso y eso atrae hongos e insectos, por eso es fundamental ventilar”.
“Cada planta habla a través de sus hojas”, dijo Ovelar. Hojas amarillas, caídas, bordes secos o flores que se desprenden son señales claras de alerta.
Celeste explicó que muchas plantas atraviesan estrés hídrico: “Cuando las hojas están decaídas y al regarlas se levantan, es una señal clara de que estaban sufriendo por el calor”. En otros casos aparecen manchas amarillas o marrones que ya no se recuperan, producto de quemaduras solares. “Ahí lo mejor es cambiar la planta de lugar”, recomendó.
Hay plantas que requieren atención extra durante el verano. Entre ellas se encuentran los helechos, calatheas, hortensias, calas y orquídeas, especialmente cuando están en macetas o planteras, donde el agua se evapora más rápido.
Las orquídeas, por ejemplo, necesitan buena ventilación y sombra. “Se les puede rociar un poco de agua fresca para mantener la temperatura, pero no a la tarde, porque eso favorece la aparición de hongos”, detalló Romero.
En el otro extremo, existen especies que resisten mejor las altas temperaturas. Para interior, Celeste sugirió las sansevierias (espadas de San Jorge), potus, cintas, zamioculcas y palmeras chamaedorea. Para exterior, destacan las lavandas, crotos, rosas, jazmines, Santa Rita, lantanas y ave del paraíso, ideales para jardines soleados.
“El paisajismo también cuida”, aseguró la paisajista. Todo comienza con observar el recorrido del sol. “Saber en qué horario pega el sol fuerte es clave para decidir dónde ubicar cada planta”.
Una técnica efectiva es crear capas vegetales: plantas altas atrás, medianas al centro y bajas adelante, generando sombra y microclimas. En balcones, aprovechar paredes, barandas y techos como reparo térmico ayuda a reducir el impacto del calor. “Las mallas de media sombra o las pérgolas con trepadoras también funcionan muy bien”, agregó.
En cuanto al cuidado sostenible, Ovelar recomendó reutilizar el agua, como la del lavado de verduras o la que se genera en el aire acondicionado. Otra opción es cubrir el suelo con restos vegetales: “Las cáscaras de verduras o la corteza de pino funcionan como cobertura, mantienen la humedad y filtran el calor directo”.
Celeste sumó el uso del mulching, una técnica que, mediante corteza, hojas secas o piedras claras, conserva la humedad y mantiene el suelo fresco. También recomienda el uso de compost o fertilizantes orgánicos suaves, que “nutren sin quemar las raíces y ayudan a retener la humedad”.
Irse de vacaciones no tiene por qué ser una sentencia para las plantas. “Agruparlas crea un microclima húmedo que las protege”, explicó Romero. También aconseja moverlas a zonas con menos sol directo y utilizar sistemas simples de riego.
Para las plantas más delicadas, Ovelar es clara: “Si la planta es muy sensible y el calor está intenso, lo mejor es dejarla al cuidado de alguien”. Además, destacó una práctica cada vez más utilizada: colocar un plato con agua debajo de la maceta para que la planta absorba lo que necesita. “Así ya estás segura de que no le falta riego”, comentó.
“El verano no es para exigirle de más a las plantas, sino para acompañarlas”, resumió Celeste Romero. Observar, proteger del sol extremo y regar de forma consciente son pequeños gestos que hacen una gran diferencia. Y como concluye Claudia Ovelar: “A veces, menos riego, es más. Lo importante es hacerlo bien, en el momento justo y según lo que cada planta necesita”.
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