Para Adriana comprender esta relación implica ir más allá de la idea tradicional de que los alimentos solo cumplen una función nutritiva. “La alimentación no solo nos aporta energía. También impacta en todo nuestro sistema biológico”, explicó. Desde la perspectiva de la nutrición funcional, el cuerpo humano funciona como un sistema interconectado donde intervienen la genética, la bioquímica y el microbioma intestinal.
“Todos tenemos una genética que ya se dispone a poder desarrollar en el tiempo, ya sea temprana o tardíamente una situación, una enfermedad o un trastorno. Solo que hay veces que nosotros aceleramos esa aparición con lo que hacemos con nuestra vida. El estilo de vida, a lo que nos exponemos es lo que prende levanta ese gatillo para que aparezca lo que ya tenemos en los genes”, detalló Peralta.
Según la especialista, gran parte de ese proceso ocurre en el intestino, considerado por muchos investigadores como un segundo cerebro. Allí viven miles de millones de bacterias que participan en la digestión de los alimentos y en la producción de sustancias que influyen directamente en el estado de ánimo, la energía y la capacidad de concentración.
“Por ejemplo, el trastorno de déficit de atención e hiperactiva, está dentro del espectro de la neurodivergencia, que se la llama así porque presenta un cerebro que no tiene las personas a las que le llaman neurotípicas, es decir funcionan de una forma diferente. Tienen características individuales bioquímica; por ende, tienen un intestino más sensible, poseen una predisposición a no absorber bien ciertos nutrientes como complejo B, o el hierro. Pero no todos los neurodivergentes tienen las mismas necesidades y deficiencias porque depende de su individualidad”, aseguró
Factores como el estrés, la calidad de la alimentación o la exposición a alimentos altamente procesados pueden actuar como desencadenantes que influyen en la aparición o intensificación de síntomas.
Además, Peralta señaló que el desarrollo de la microbiota intestinal comienza incluso antes del nacimiento. Durante el embarazo, el parto y los primeros años de vida se construye gran parte del ecosistema bacteriano que acompañará a una persona durante toda su vida. Por eso, factores como el tipo de parto, la lactancia materna o la alimentación temprana también pueden influir en la salud intestinal y, en consecuencia, en el bienestar general.
En términos alimentarios, la nutricionista explicó que ciertos ingredientes pueden generar respuestas inflamatorias en algunas personas, especialmente cuando se consumen con mucha frecuencia. Entre ellos mencionó proteínas presentes en alimentos como el gluten que se encuentra en el trigo, la cebada o el centeno y las proteínas de los lácteos.
“No necesariamente significa que todas las personas deban eliminar estos alimentos por completo”, aclaró. Sin embargo, en algunos casos el consumo frecuente puede generar síntomas como fatiga mental, dificultades de concentración o lo que popularmente se conoce como brain fog, una sensación de confusión o embotamiento mental.
La especialista también mencionó que algunas personas experimentan una sensación de euforia o placer momentáneo “te da placer, y a los pocos minutos o hasta cuatro días después, estás letárgica, sentís como un embotamiento, tu cabeza que no puedes concentrarte, estás cansada cerebralmente y te da como una sensación de depresión después. Esta es una realidad que muchas veces no se conoce, y tiene que ver con estas ciertas proteínas que son más pesadas como el gluten, los lácteos y el exceso de huevo”.
Ante este panorama, Peralta propone un enfoque basado en una alimentación equilibrada y antiinflamatoria, adaptada a las necesidades individuales de cada persona. En ese sentido, recomendó priorizar una dieta rica en vegetales, frutas, semillas, frutos secos, legumbres y proteínas de calidad.
“Los alimentos con colores variados suelen aportar antioxidantes que ayudan a proteger el cerebro”, resaltó. Estos compuestos participan en procesos de desintoxicación cerebral y contribuyen al equilibrio del organismo.
Otro aspecto importante es garantizar un adecuado aporte de nutrientes clave para el sistema nervioso. El hierro, por ejemplo, cumple un rol fundamental en el transporte de oxígeno y en diversos procesos metabólicos del cerebro. Niveles bajos de este mineral pueden afectar la energía, la concentración y el rendimiento cognitivo.
La nutricionista también destacó la importancia de comenzar el día con un desayuno equilibrado que incluya proteínas y grasas saludables, evitando grandes cantidades de azúcares refinados o harinas procesadas que puedan generar picos de energía seguidos de caídas bruscas.
En cuanto a la cafeína, Peralta contó que el café puede tener efectos positivos cuando se consume con moderación y en su forma de buena calidad, ya que contiene antioxidantes y puede favorecer la concentración. No obstante, en personas con ansiedad o dificultades para dormir, su consumo debe ser evaluado con cuidado y evitarse especialmente en horas de la tarde.
Para quienes buscan comprender mejor cómo su alimentación influye en su bienestar, la especialista recomienda llevar un registro alimentario. Anotar qué se come, en qué momentos y cómo se siente el cuerpo o el estado emocional puede ayudar a identificar patrones o posibles sensibilidades.
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